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19 de noviembre de 2009

Umberto Eco - La misteriosa llama de la reina Loana



574 KB | PDF | 23071109


En 1980, Umberto Eco, un brillante semiólogo, profesor de la Universidad de Bolonia, se daba a conocer en todo el mundo tras publicar El nombre de la rosa, una novela de intriga que recreaba la época medieval con todo detalle al ser su autor especialista, experto y gran conocedor de la materia. El libro se convirtió en lo que se ha dado en llamar best seller de calidad y su éxito fue fulgurante; sus ventas, multimillonarias. Ahora, Eco vuelve a su faceta de narrador tras pasar varios años publicando ensayo y nos ofrece su quinta novela, La misteriosa llama de la reina Loana, título que se corresponde con un tebeo de los años treinta, muy popular en Italia.

El argumento de la novela no es muy complicado: un hombre de sesenta años pierde una parte de la memoria, aunque recuerda perfectamente todo aquello que ha leído. Para recuperar la memoria, Eco pone en manos del protagonista, Giambattista Bodoni, innumerables citas, fundamentalmente literarias, y es en ellas y en las ilustraciones que entreveran el libro donde encontramos la auténtica novela: desde Conan Doyle a Agatha Christie, pasando por Zola o Shakespeare, Pimpinela escarlata o El perro de Baskerville, Ming Señor de Mongo o Flash Gordon, la magdalena de Proust o los grabados de Doré, nada se le resiste a Eco, el mundo es un pañuelo en estas quinientas setenta y seis páginas que forman parte de la memoria colectiva. La esposa de Bodoni, Paola, se esfuerza por hacerle recordar sus treinta años de matrimonio, su vida pasada, pero el resto de los personajes, la hija, el médico, son meros comparsas, un vehículo para aprehender el pasado. Así, Bodoni recuerda el teorema de Pitágoras pero no puede pronunciar su nombre porque no se acuerda. El doctor Gratarolo le aclara que sufre una especie de amnesia retrógrada. Bodoni se compara a sí mismo con Gregory Peck en Recuerda, la película de Hitchcock, aunque confiesa que preferiría no acordarse de Peck y sí de dónde ha nacido. Sabe que Napoleón fue derrotado en la batalla de Waterloo pero no quién es su madre. El médico le da cuenta de los diferentes tipos de memoria que tenemos los humanos, que son legión, por cierto, para ayudarle a recuperarse.


Yambo, como llaman familiarmente a Giambattista, vuelve a casa y poco a poco va recuperando el sabor de las comidas, los olores, sus ropas, sus libros...También vuelve a su lugar de trabajo, su librería... En la segunda parte de la novela Bodoni regresa a Solara, lugar de su infancia. Allí recuperará sus viejas cosas, libros que de niño parecían encerrar un misterio, carteles, Vorrei volare que anunciaba un disco y una película... Otros objetos aparecen en el despacho del abuelo, en el desván... ¡ocho días pasa en el desván leyendo sin tregua y manoseando los iconos del pasado, tebeos, revistas, postales, que tendrán para él un efecto terapéutico pues es así como recuperará parte de la memoria perdida.
Contentos deben sentirse los italianos por encontrar en las páginas de esta particular novela las ilustraciones que a Yambo le ayudan a rescatar la memoria al mismo tiempo que al lector. Más bien parece que Eco ha escrito este libro, del que poco importa si Yambo sana o no, para reconquistar y atrapar el tiempo perdido en un bello bucle autobiográfico. Evocación del espíritu de un tiempo. Eco no ceja: vueltas y revueltas alrededor de la cultura de masas.




Un Saludo
Anonimo

Dan Brown, El Símbolo Perdido

 



¿Existe un secreto tan poderoso que, de a la luz, sea capaz de cambiar el mundo?
Washington. El experto en simbología Robert Langdon es convocado inesperadamente por Peter Solomon, masón filántropo y su antiguo mentor, para dar una conferencia en el Capitolio. Pero el secuestro de Peter y el hallazgo de una mano tatuada con cinco enigmáticos símbolos cambian drásticamente el curso de los acontecimientos. Atrapado entre las exigencias de una mente perturbada y la investigación oficial, Langdon se ve inmerso en un mundo clandestino de secretos masónicos, historia oculta y escenarios nunca antes vistos, que parecen arrastrarlo hacia una sencilla pero inconcebible verdad.
Con la ayuda de Katherine Solomon, hermana de Peter y experta en ciencias noéticas, Robert Langdon tiene doce horas para salvar a su amigo y , al mismo tiempo, evitar que uno de los secretos mejor guardados de nuestra historia caiga en las manos equivocadas…
El código Da Vinci fue un fenómeno mundial que convirtió a Dan Brown en el maestro absoluto del thriller. En esta nueva obra, Robert Langdon regresa para retar a los lectores con una historia inteligente y de ritmo vertiginoso que ofrece sorpresas en cada página. "El símbolo perdido" es lo que los fans de Dan Brown estaban esperando: su novela más emocionante.
Voz Jorge de Loquendo en su versión 7, sintetizado por Sintaxia.



Un Saludo
Anonimo

[Librojuegos] La Búsqueda del Grial

"El fabuloso Reino de Avalon se halla aterrorizado por monstruosos dragones, terribles
hechiceros y el mal en sus formas más repugnantes. Los Caballeros de la Tabla Redonda parten de
la corte del Rey Arturo en Camelot para acometer pruebas de gran valor, pero tú has sido elegido
para llevar a cabo la más peligrosa de todas las misiones....."

 

LOS LIBROS



Nº 1:EL CASTILLO DE LAS SOMBRAS
TAMAÑO: 1.34 Mb [.pdf]
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Nº2:LA CAVERNA DEL DRAGÓN
TAMAÑO: 1.84 Mb [.pdf]
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Nº3:LA PUERTA DE LA PERDICIÓN
TAMAÑO: 1.77 Mb [.pdf]
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Nº4:EL VIAJE DEL "ARGOS"
TAMAÑO: 1.96 [.pdf]
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Nº5:EL REINO SECRETO
TAMAÑO: 5.77 Mb [.pdf]
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Nº6:LA MALDICIÓN
TAMAÑO: 5.41 Mb [.pdf]
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Nº7:TUMBA DE PESADILLAS
TAMAÑO: 8.77 Mb [.pdf]
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Nº8:LA LEGIÓN DE LOS MUERTOS
TAMAÑO: 6.98 Mb [.pdf]
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Un Saludo
Anonimo

ATRAPAR A UN LADRON - SHERRYL WOODS

Era una joven encantadora a la fuga Gina Petrillo estaba huyendo de sus problemas y necesitaba el apoyo de sus viejas amigas. Pero parecía que los problemas la habían seguido hasta su casa de Winding River. El abogado Rafe O'Donnell había seguido su rastro desde la ciudad y no tenía la menor intención de dejar escapar a tan guapísima sospechosa. Pero convertirse en la sombra de Gina podía llegar a ser un verdadero reto ya que, a pesar de su desconfianza, los besos de aquella mujer eran demasiado irresistibles. Y mientras Rafe trataba de atrapar a una ladrona, quizás ella le robara el corazón.

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Un Saludo
Anonimo

LA MUJER HABITADA - GIOCONDA BELLI

La mujer habitada sumerge al lector en un mundo mágico y ferozmente vital, en el que la mujer, víctima tradicional de la dominación masculina, se rebela contra la secular inercia y participa de forma activa en acontecimentos que transforman la realidad. Partiendo de la dramática historia de Itzá, que por amor a Yarince muere luchado contra los invasores españoles, el relato nos conduce hasta Lavinia, joven arquitecta, moderna e independiente, que al terminar sus estudios en Europa ve su país con ojos diferentes. Mientras trabaja en un estudio de arquitectos, Lavinia conoce a Felipe, y la intensa pasión que surge entre ambos es el estímulo que la lleva a comprometerse en la lucha de liberación contra la dictadura de Somoza. Rebosante de un fuerte lirismo, La mujer habitada mantiene en vilo al lector hasta el desenlace final.

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Un Saludo
Anonimo

DONDE LOS ANGELES NO SE ATREVEN A PISAR - SHERRILYN KENYON

Zeke trabaja como oficinista en una empresa de transportes, está desilusionado por cómo ha transcurrido su vida y agobiado por las deudas. Todo esto cambiara -para mejor o para peor- cuando reciba la llamada del albacea de su tío abuelo que le da la noticia de que éste ha fallecido y él es el único heredero. Este antiguo investigador no tiene ni idea dentro del mundo en que està a punto de ser "chupado" ...

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Un Saludo
Anonimo

VIVIR POR HOY - CAROL LYNNE

El ùltimo libro de la saga Campus Craving. La autora vuelve a la pareja - Justin y Luc - que comenzò esta saga y le da a su historia de amor una vuelta de rosca.
Justin està bajo presiòn , debe enfrentar una final de futbol en pocas semanas . Luc està acostumbrado a vivir ese proceso todas las temporadas , pero le preocupan ciertas señales de enfermedad que ve en su pareja.
Justin se enfrentarà a una enfermedad que lo obligarà a cambiar su estilo de vida y deberà aceptar vivir sòlo por hoy ...

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Un Saludo
Anonimo

10 de noviembre de 2009

España, perdiste . Hernán Casciari [Literatura Humor]




Editorial Plaza & Janés
1ª edición, septiembre de 2007
Género: Humor
ISBN: 978-84-01-37970-3
Archivo .DOC - 138 Páginas

España, perdiste es un compendio de monólogos, de pequeños artículos, donde el autor hace una sátira sobre la masiva llegada de argentinos a España. Los españoles somos conscientes de la inmigración de marroquíes, de rumanos, de subsaharianos, de peruanos, pero nadie habla de los argentinos. Y es que estos vienen con su acento, su labia, sus artes de seducción y no nos percatamos que han venido a ganar un partido en el que juegan como visitantes. Nos sentimos intelectuales si en lugar de tomar café o té, tomamos mate como ellos y encima lo hacemos mientras ojeamos un libro de Borges o Cortázar. Nos hacemos los hombres cuando decimos “qué buena está esta piba”, sin saber que “piba” viene de más allá del Atlántico. Y las españolas se rinden a los pies de estos falsos seductores, mientras no entendemos a qué se debe este fenómeno argentino.

Con un tono humorístico, Hernán Casciari hace una caricatura del típico argentino, protestón y soberbio, a la vez que aprovecha para criticar al mundo.





Un Saludo
Anonimo

Curso: piratear señales wifi

¿Deseas comprobar si la red WiFi que tienes montada en tu casa es realmente segura? ¿En tu escuela saben que eres un hacha en esto de la informática y te han pedido que realices una auditoría de su red inalámbrica? ¿O simplemente no puedes costearte una conexión ADSL puesto que tus recursos son limitados y tienes la suerte de tener a tu alcance la red wireless que tu vecino ha instalado hace apenas unos meses?
Introducción
Cualquiera que sea tu situación, el objetivo de este artículo es la recopilación de todos los métodos conocidos hasta la actualidad para lograr descubrir la contraseña de todas aquellas redes wifi que puedes alcanzar con tu tarjeta inalámbrica. Si lo que haces es legal o no, es responsabilidad tuya.Introducción
¿Qué tiene este artículo que lo diferencia con cualquier otro que puedas encontrar en la red? Fácil. Casi todos los artículos o reseñas que puedas encontrar a lo largo de Internet sólo se centran en un método para hacer cierta tarea y casi siempre se resume a lo siguiente:
Utiliza airodump(-ng) para capturar paquetes.
Utiliza air*****(-ng) para romper la clave.


Quizás con un posible: Utiliza aireplay(-ng) para inyectar paquetes. ¿Pero qué pasa cuando te encuentras en una situación en que no todo sale como debería? Cuando una red apenas produce paquetes, cuando no tiene clientes conectados o un sin fin de inconvenientes que limitan tus armas
Pues aquí te mostraremos diversas formas de seguir consiguiendo contraseñas aun a pesar de enfrentarte a todas estas dificultades. Aquí reuniremos todo aquello que se puede encontrar en los foros más dispersos de la telaraña global, y agregaremos todos los links necesarios a cualquier herramienta que sea mencionada.

Este artículo se centra sobre el sistema operativo Linux, aunque haremos referencias en su momento al resto. Normalmente todos los programas o scripts presentados, salvo contadas excepciones, pueden ser ejecutados en ambos sistemas. Recuerda que un ejecutable de Windows puede correr bajo Linux por medio de Wine.


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Un Saludo
Anonimo

Tutorial: Construcción de una antena Wireless

Construcción de una antena Wireless Omnidireccional de 5 DBi hasta 8 DBi



Existen personas que disfrutan construyendo con sus propias manos todo aquello que es factible construir. En el caso de las redes inalámbricas, mientras que construir un punto de acceso o un adaptador de red es algo complicado, construir una antena si es abordable.



http://freakshare.net/files/0fjki9ds/ant.wifi.7z.html

Un Saludo
Anonimo

La Maldición Del Angel – Jörg Kastner

Resumen:
Un antiguo manuscrito promete revelar los secretos de una enigmática organización conocida como el Círculo de los Doce: un grupo tan antiguo y tan poderoso como la misma Iglesia Católica. Con los peligrosos agentes del Círculo de los Doce tras su pista, Alexander y Elena se sumergen en una profecía misteriosa que detalla un antiguo artefacto capaz de destruir el Vaticano... y explicar los sorprendentes milagros realizados por el Papa Custos. Acosados por asesinos y en una carrera contrarreloj, Alexander y Elena buscan la verdad y se sumergen en una conspiración que comenzó con el nacimiento de Cristo. ¿A quién controla el Círculo de los Doce? ¿Qué descubrió Heinrich Rosin antes de morir... y a quién iba a contárselo? ¿Cuál es el extraño poder que detenta la esmeralda conocida como "el verdadero rostro de Jesús"? En el centro de estas preguntas se encuentran hechos sorprendentes sobre los extraordinarios milagros del Papa Custos y la verdad que se esconde tras una antigua profecía que podría cambiar el curso de la historia. Con el peligro presente en cada esquina y la respuesta cada vez más lejana, el camino de Alexander y Elena los llevará más allá de los límites de la conspiración más poderosa y peligrosa que el mundo haya conocido jamás. La maldición del ángel, una fantástica obra de suspense del famoso escritor Jorg Kastner, presenta una historia de heroísmo entre el poder, la corrupción y la mentira. ¿Podrán sobrevivir Alexander y Elena para descubrir la verdad capaz de destruir el Vaticano? ¿O caerán víctimas de un poder que conspira para preservar secretos de hace casi dos mil años…?


Link:
Kastner, Jörg - La Maldicion Del Angel

Un Saludo
Anonimo

Super Manual Carpinteria Y Restauracion

"Super Manual Carpinteria Y Restauracion"




UN COMPLETO MANUAL QUE ABARCA LAS SIGUIENTES MATERIAS:

Aplicacion de Protectores Decorativos para Madera
Armado de un armario empotrado
Colocar planchas de melamina o madera
Colocar planchas de PVC
Como colocar revestimientos de madera en paredes
Como instalar vigas decorativas
Como lijar




Ensamblaje en linea de muebles
Ensamblar Muebles a Escuadra - 1
Ensamblar Muebles a Escuadra - 2
Guia de Tarimas Parque y Laminados
Instalacion de parque pegado
Instalacion de Tarima Clavada
Instalacion de Tarimas o Parque Flotante (sin cola)
Instalacion de tarimas y parque flotante
Instalar parque pegado
los ensamblajes de madera
Restauración de muebles de madera





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Un Saludo
Anonimo

"Aprenda a Reparar LCDs y Plasma"

"Aprenda a Reparar LCDs y Plasma"



El Ing. Picerno es autor de más de 20 libros técnicos y numerosos artículos, profesor de los Cursos YoReparo.com de Electrónica Básica y Reparación de TVCon sus 24 capítulos y más de 400 páginas La Biblia del LCD y Plasma es la obra más exhaustiva sobre las tecnologías LCD y Plasma. Un recorrido completo que lo llevará desde los conceptos básicos de la TV, a los aspectos más avanzados de las nuevas tecnologías de LCD yPlasma



Aprenda lo siguiente:
¿Qué es y cómo funciona una pantalla LCD?
¿Qué es y cómo funciona una pantalla Plasma?
¿Qué es y cómo funciona el Inverter? Las protecciones del Inverter
¿Cómo hacer reparaciones del Inverter? La plaqueta SCALER y sus etapas,
¿Cómo funciona? ¿Cómo repararla? y mucho más que podra aprender enLa Biblia del LCD y Plasma.




La Biblia del LCD y Plasma recorre toda la teoría y la práctica, enseña los fundamentos a la vez que nos lleva de la mano a reparar varios modelos de TV LCD yPlasma actuales. Revela todos los secretos del autor para tener los mejores resultados y las herramientas más efectivas.


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Un Saludo
Anonimo

Ann Benson - La Plaga



¿Qué ocurre cuando la peste bubónica, ausente durante tanto tiempo del mundo moderno, reaparece en la sociedad del siglo XXI? La plaga urde con brillantez dos relatos paralelos. En el siglo XIV, el médico Alejandro Canches se salva de ser ejecutado por realizar una autopsia y en su huida recorre la Europa de la Peste Negra. Finalmente es enviado, contra su voluntad, a la corte de Eduardo III de Inglaterra para combatir la epidemia. En dramático contrapunto, la arqueóloga y médica Janie Crowe llega a la Inglaterra del siglo XXI e involuntariamente, provoca la difusión de una mortífera bacteria en un mundo que no está preparado para combatirla. En un futuro en que los antibióticos han perdido toda eficacia y un pasado dominado por el terror, estos dos héroes, muy a su pesar, se ven unidos por la historia.



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Un Saludo
Anonimo

TEORIA DE LA RELATIVIDAD

Tímido y retraído, con dificultades en el lenguaje y lento para aprender en sus primeros años escolares; apasionado de las ecuaciones, cuyo aprendizaje inicial se lo debió a su tío Jakov que lo instruyó en una serie de disciplinas y materias, entre ellas álgebra: "...cuando el animal que estamos cazando no puede ser apresado lo llamamos temporalmente "x" y continuamos la cacería hasta que lo echamos en nuestro morral", así le explicaba su tío, lo que le permitió llegar a temprana edad a dominar las matemáticas. Dotado de una exquisita sensibilidad que desplegó e el aprendizaje del violín, Albert Einstein fue el hombre destinado a integrar y proyectar, en una nueva concepción teórica, el saber que muchos hombres de ciencia anteriores prepararon con laboriosidad y grandeza.

los mejores libros que puedes encontrar sobre la teoria de la relatividad de Albert Einstein, esta en un pdf y pesa menos de 1 mega descargatelo y ponte a estudiar!!
en la carpeta se encuentran 3 libros !! muy buenos





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Un Saludo
Anonimo

EL GRAN LIBRO DE LA ELECTRONICA

6,43 MB | Español | PDF | 7 Libros

Descripción

La electrónica es la rama de la física, y fundamentalmente una especialización de la ingeniería, que estudia y emplea sistemas cuyo funcionamiento se basa en la conducción y el control del flujo microscópico de los electrones u otras partículas cargadas eléctricamente.



Utiliza una gran variedad de dispositivos, desde las válvulas termoiónicas hasta los semiconductores. El diseño y la construcción de circuitos electrónicos para resolver problemas prácticos forma parte de los campos de la Ingeniería electrónica, electromecánica y la informática en el diseño de software para su control. El estudio de nuevos dispositivos semiconductores y su tecnología se suele considerar una rama de la Física y química relativamente.




Número 1

Índice completo del curso

Número 2


¿Que es la electricidad y que la electronica?
Conducción de la corriente elctrica
La revolución de los medios opticos


Número 3

Resistencia electrica
Diodos semiconductores


Número 4

Asociación de resistores
Asociación de pilas
Potencia electrica
Capacitores
Porque aparecieron los transistores


Número 5

Magnetisma e inductancia
Los componentes de corriente alterna
Dospositivos de disparo


Número 6

Las ondas electromagnéticas
Amplificadores con transistores
Fundamentos físicos de la reproducción del sonido


Número 7

El surgimiento de la radio
Transistores de efecto de campo
Intercomunicador por red electrica



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Un Saludo
Anonimo

Matrimonio Pactado de Diane Perkins

MATRIMONIO PACTADO
The Marriage Bargain (2005)

Inglaterra, 1816
Emma Chambers lleva tres años casada con Spence Keenan, un apuesto y aguerrido soldado, pero no lo ha visto desde la boda, y la unión ni siquiera se ha consumado. En realidad, Emma y Spencer se casaron para que ella pudiese escapar de su asqueroso tío, a cambio de lo cual cuidaría de las propiedades de Spencer mientras éste se iba a luchar contra Napoleón.
Desde entonces, Emma no ha recibido ni una carta. Mucho menos dinero. Cuando Spencer regresa, descubre que Emma ya no es la chica tímida y vulnerable que conoció, sino una mujer fogosa y cautivadora, que por cierto le guarda enorme rencor. Para ganarse nuevamente la confianza y el amor de su esposa, Spencer deberá afrontar un nuevo pacto.


Un Saludo
Anonimo

SEDUCCION A MEDIANOCHE - JACQUIE D' ALESSANDRO

La Sociedad Literaria de Damas Londinenses se reúne de nuevo para comentar esta vez un cuento erótico sobre fantasmas que tiene de protagonistas a una hermosa dama y a un rudo héroe decidido a hacerla suya…
Lady Julianne Bradley ha ansiado siempre vivir una salvaje aventura. Por desgracia, el hombre con quien desea compartir su fervor jamás podrá ser suyo. Atormentada por su deseo, se prepara para un matrimonio apropiado con su estatus cuando una serie de acontecimientos espectrales, salidos de su última lectura, comienzan a sucederse… y para proteger a Julianne, su padre contrata al mismo hombre que anhela su corazón... Gideon Mayne.

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Un Saludo
Anonimo

4 de noviembre de 2009

Serie Hombres de Agosto de Lora Leig

SERIE HOMBRES DE AGOSTO
(Men of August)


01 – LA DECISION DE MARLY
Marly’s Choice (2002)

El amor que Marly siente por Cade fue creciendo durante su adolescencia y se hizo más fuerte en su transformación de niña a mujer. Sus fantasías y sueños con él la han ido sosteniendo a lo largo de estos años, pero ahora ya no le basta sólo con imaginar las caricias de sus manos sobre su cuerpo o el sabor de sus besos. Ha llegado la hora de seducir al rudo y apuesto cowboy.
Y, aunque conoce los rumores acerca de sus preferencias sexuales, está preparada para aceptar sus deseos... pero no para la elección que está por venir.
Los oscuros deseos de Cade, sus excesos sexuales, tienen su raíz en el pasado. En un momento en que el dolor, la vergüenza y la sangre marcaron su alma. El guarda un secreto compartido con sus hermanos. Un secreto que le ha dejado una cicatriz imposible de curar y sabe cuál es la única forma de probar su lealtad hacia sus hermanos y el amor que siente por ellos... y Marly es la llave para conseguir tal fin.
Ella puede elegir. Puede someterse a las necesidades de Cade, a los anhelos más profundos de su alma, o puede escapar. Una elección que sólo Marly puede hacer. Una decisión que cambiará sus vidas para siempre.

02 – LA SEDUCCION DE SARAH
Sarah's Seduction (2003)

En una calurosa noche de verano de hace seis años, Brock August le mostró a Sarah Tate una pasión que estuvo a punto de destruirla. Y el miedo y su inocencia la alejaron de sus brazos y la empujaron a un matrimonio no deseado y lleno de infelicidad.
Ahora Sarah está libre y quiere recuperar esa noche perdida. Una noche, unas pocas horas robadas para conocer el calor y la pasión del hombre que nunca ha olvidado. Pero Brock tiene otros planes en mente. Un secreto, una pasión y un deseo que comparte con sus hermanos. Un deseo al que Sarah será incapaz de negarse... siempre que pueda escapar a los oscuros planes de aquellos que quieren destruir a los hombres August.

03 - EL REGALO DE HEATHER
Heather's Gift (2003)

¿Traerá ella consigo el regalo de su aceptación o, por el contrario, romperá los lazos que se forjaron a través de las llamas del infierno?
El trabajo de Heather consistía en vigilar a Sam, y como parte del equipo de seguridad encargado de la protección de la familia August, se tomaba muy en serio su misión... hasta que un hombre descubrió que precisamente ella era la debilidad de Sam August. Hasta que el pasado resurgió de sus cenizas con letales intenciones y sorprendentes secretos.
¿Será capaz Sam de negar su pasión por esta mujer, o serán sus pesadillas oscuras y el sensual deseo que ambos sienten la causa de su destrucción?

04 – LA PASION DE LOS AUGUST
August Heat (2004)
Dentro de la antología “The Twelve Quickies of Christmas. Volumen I”


Pasa estas Navidades con la familia August.
Hace poco más de un año desde que Cade, Brock y Sam August tuvieron que luchar por salvar sus vidas de la mujer que estaba dispuesta a destruirlos. Y ahora ha llegado el momento de celebrar la primera Navidad con su familia al completo, y ver si sus preciosas mujeres están siendo traviesas y bien dispuestas, o si los hermanos tienen que enseñarlas de nuevo cómo tiene que actuar una esposa August.


Un Saludo
Anonimo

Serie Oeste de Elizabeth Lowell

SERIE MEDIEVAL

1. INDOMITO
Untamed - 1993

Héroe de las Cruzadas, Dominic le Sabre ha regresado a Escocia colmado de gloria y triunfante para reclamar su recompensa: la hermosa novia sajona que le ha sido destinada por ser el conquistador del rey. Pero lady Margaret de Blackthorne no puede ceder ante el osado invasor normando. Amada hija de una tribu sagrada de los místicos celtas, teme a una antigua maldición que podría suscitar mayor confusión en su tierra ya asolada por la guerra... y tiene temor al lecho nupcial.
Con una palabra, una dama podría convertir su boda en una guerra. Pero en los brazos del nombre caballero le aguarda la promesa de una pasión arrolladora pasión... y un amor que ni la violencia ni la traición pueden desgarrar, un amor que es invencible e... indómito

2. PROHIBIDO
Forbidden – 1993

Un amor prohibido… Según una antigua profecía, la bella e inocente Amber estaba obligada a llevar una vida solitaria dedicada a la sanación. De no hacerlo, una terrible maldición caería sobre ella.
Pero cuando conoce a Duncan de Maxwell, uno de los más duros y poderosos guerreros de toda Inglaterra, la joven se enamora irremisiblemente de él. Desafiando los designios de la profecía que la ha marcado desde su nacimiento, Amber se entregará por entero al hombre que llegó a ella de entre las sombras. Un hombre que la conducirá por los más salvajes y oscuros senderos de la pasión. Un hombre que le arrebatará su corazón, su cuerpo y… su alma.
Juntos deberán hacer frente a maldiciones, odios y venganzas para luchar por su amor. Un amor eterno sin principio ni fin. Un amor que perdurará por siempre. Un amor… prohibido.

Un Saludo
Anonimo

Complacer a una dama de Nicole Jordan

SERIE LA GUERRA DEL CORTEJO
(Courtship Wars)

01 – COMPLACER A UNA MUJER
To Pleasure a Lady (2008)




 

Marcus Pierce, un increíblemente apuesto aristócrata con una infame reputación, hereda la tutela de la fogosa Arabella Loring y sus dos hermanas... e inmediatamente declara sus intenciones de casarlas. Pero la encantadoramente desafiante Arabella provoca frustración, y algo profundamente erótico, en Marcus. Después de medir su inteligencia y su espada con ella, el posesivo noble llega a la conclusión de que tan hermosa y formidable adversaria debe ser suya.
Arabella, que ha renegado del matrimonio y de los hombres, desea que la dejen dirigir su academia para jóvenes damas en paz. Con tal fin, audazmente acepta el íntimo desafío de Marcus: si él logra cortejar y conquistarla en el período de dos semanas, ella ocupará su lugar en su cama y como su esposa. Sin embargo, si consigue resistirse a sus considerables encantos, se les concederá la independencia a las hermanas Loring. Así, comienza un extraordinario juego de seducción...


Un Saludo
Anonimo

Colección Francisco Ayala

Fallecido el dia 3 de noviembre de 2009. D.E.P
Francisco Ayala

(España, 1906-3/11/2009)



Narrador y crítico español. Nació en Granada en 1906. Se graduó en Derecho en la Universidad de Madrid en 1929, de la que fue catedrático en 1933. Debió exiliarse durante la Guerra Civil y, finalizada ésta, se instaló en Argentina. En 1950 trabajó en la Universidad de Puerto Rico y en 1958 en universidades norteamericanas. Sus primeras obras publicadas fueron Tragicomedia de un hombre sin espíritu (1925), Historia de un amanecer (1926), El boxeador y un ángel (1929) y Cazador en el alba (1930). Entre sus libros de narraciones breves se destacan El hechizado (1944), La cabeza del cordero, donde inserta el tema del exilio en el marco de exilios más remotos, como el de los moriscos, y Los usurpadores, ambas de 1949, Historia de macacos (1955), de carácter humorístico, De raptos, violaciones y otras inconveniencias (1966), que incluye `El rapto`, basado en el capítulo LI de la primera parte del Quijote, El jardín de las delicias (1971). Entre sus novelas figuran Muertes de perro (1958) y El fondo del vaso (1962). Los rasgos fundamentales de su obra son el intelectualismo, la ironía, la deshumanización, próximo como está a los novelistas intelectuales del estilo de Thomas Mann, Aldous Huxley y Ramón Pérez de Ayala, y al realismo crítico. Es autor además de ensayos literarios como La estructura narrativa (1970) y Novela española actual (1977). Recibido el Premio Cervantes y fue miembro de la Real Academia Española.

Fuente: bibliotheka.org
Contenido:
El jardin de las malicias
La cabeza del cordero
Los usurpadores
Medusa artificial
Muertes de perro
Relatos.

El enlace (pass: systemppc)
http://rapidshare.com/files/302056959/FAyala.exe

Un Saludo
Anonimo

1 de noviembre de 2009

Despiertos a Medianoche Capitulo 19

Capítulo 19
Clavando la mirada en unos fríos ojos azules, Matthew dijo con serenidad:
—Bueno, esto sí que es toda una sorpresa.
—Una muy agradable..., por lo menos para mí. Había perdido la esperanza de recuperar el dinero que tu padre me robó. Ahora quiero que los dos os pongáis de pie... con mucha lentitud y en completo silencio. Y Matthew, si veo que intentas sacar ese cuchillo de la bota, dispararé a la señorita Moorehouse. —Lord Berwick meneó la cabeza y chasqueó la lengua—. Y sé que no te gustará nada.
Matthew se levantó muy lentamente mientras su mente buscaba la mejor manera de escapar. Luchó contra su instinto primario, que no era otro que echar a un lado a Sarah y ponerse delante. Si Berwick abría fuego desde esa corta distancia, lo más probable es que los matara a ambos de un solo disparo. Mejor que la pistola sólo lo apuntara a él.
Tan pronto como estuvieron de pie, Berwick dijo:
—Empuja el cuchillo hacia mí con el pie. Acércalo lo suficiente como para que lo pueda coger.
Matthew obedeció, luego Berwick lo miró por encima de la hoja.
—Gracias. Ahora levantad las manos.
—Qué educado —dijo Matthew secamente, levantando los brazos.
—No hay motivos para no ser educados.
—Estupendo. Entonces deja que la señorita se vaya.
Berwick meneó la cabeza con tristeza.
—Me temo que no puedo. Daría la alarma y con eso lo único que conseguiría es convertir esta simple transacción en una debacle. —Miró con rapidez a Sarah—. Si te mueves o haces algún tipo de ruido, le dispararé, ¿has entendido?
Por el rabillo del ojo, Matthew vio que Sarah asentía con la cabeza. Quería mirarla, tranquilizarla de alguna manera, pero no se atrevió a apartar la mirada de Berwick.
—No es posible que creas que podrás escapar —dijo.
—Claro que lo haré. Primero cogeré mi dinero, el que tu padre me robó, y luego me iré.
—Mi padre tenía muchos vicios, pero no era un ladrón. Ese dinero lo ganó jugando.
—Ya, pero me lo ganó a mí. Era mi dinero. —La cólera atravesó sus rasgos—. Se suponía que no iba a... ganar. Ni que yo podía perder. Había vendido todo lo que tenía para obtener ese dinero... Todo. Necesitaba triplicarlo para saldar mis deudas. Y lo hubiera hecho... si tu estúpido padre, que jamás ganaba, no hubiera tenido el golpe de suerte más increíble del que haya sido testigo. Era como si no pudiera perder. Y yo no pudiera ganar. Y eso que no jugaba como debería jugar.
Matthew inclinó la cabeza.
—Ya veo. Así que lo invitaste a jugar, pensando en desplumarle. Qué despropósito, ya que no tenía nada que perder.
—Sí que tenía. Acababa de presumir delante de mí de haber ganado una enorme suma de dinero. La partida sería entre nosotros dos. Las apuestas serían muy altas. Y se suponía que yo ganaría. —Berwick miró a Matthew con los ojos entrecerrados—. Y pensaba recuperarlo. Lo habría hecho, pero no lo llevaba con él en el carruaje como yo había pensado que haría. Así que se lo hice pagar. Con su vida.
Matthew se quedó paralizado cuando la verdad lo golpeó como un ladrillo en la cabeza.
—Fuiste tú... Tú fuiste el salteador de caminos que le disparó.
La furia que asomó a los ojos de Berwick transformó sus bien parecidos rasgos en los de un ente demoníaco, pero seguía sin hacer sombra a la furia que embargaba a Matthew.
—No merecía menos. Debería haber llevado el dinero con él, pero no lo tenía. No sé dónde lo escondió ni cómo lo hizo, pero encontró la manera. Te espié tras su muerte para saber si habías pagado sus deudas, pero pasaron varios meses y no lo hiciste; me di cuenta de que o bien no sabías nada del dinero o bien no sabías dónde estaba.
»Luego comencé a escuchar interesantes rumores. Sobre lo solitario que te habías vuelto, que no salías de la hacienda, que evitabas hacer vida social..., aparte, claro está, de un repentino y desmedido interés por la jardinería. —Berwick sonrió, una gélida sonrisa que no llegó a sus ojos—. Algo sumamente interesante, sobre todo porque sé que las flores te hacen estornudar.
—No todas las flores, sólo las rosas —corrigió Matthew.
Berwick simplemente se encogió de hombros.
—Supuse que debías de estar buscando el dinero en el jardín. Me he pasado varias semanas observando tus excavaciones nocturnas, esperando que encontraras lo que es mío para poder recuperarlo.
Matthew achicó los ojos cuando otra pieza del rompecabezas encajó en su lugar.
—Tú mataste a Tom Willstone.
Berwick se encogió de hombros otra vez.
—Por desgracia para él, me vio en el bosque esa noche. Me amenazó con decírtelo. No podía arriesgarme a que lo hiciera.
«Tenía que conseguir que siguiera hablando.» Si permanecían allí el tiempo suficiente, lo más seguro es que alguien fuera a buscarlo. Pero Matthew se temía que tardarían algún tiempo. Después de haber llegado a la casa y que lady Wingate le informara de que Sarah estaba en jardín, le había dirigido a Daniel una mirada significativa. No le cabía duda de que su amigo había entendido que quería algo de privacidad con Sarah. Por lo tanto, Daniel haría lo imposible para asegurarse de que no los molestaran en un buen rato.
Pero Berwick no lo sabía. Si seguía hablando con él el tiempo suficiente, ese bastardo acabaría por cometer algún error. Todo lo que Matthew necesitaba era que Berwick diera un paso en falso.
—Así que fue por el dinero por lo que querías una invitación a mi reunión campestre —dijo en tono coloquial.
—Sí. ¿Qué mejor manera de vigilar tu idas y venidas? Me traje a Thurston y Hartley conmigo para apartar la atención de mí y no levantar sospechas. —Se rió entre dientes—. Debo decir en tu honor, que ha sido muy entretenido. En especial mientras no cavabas, Langston. Estaba claro que tenías intención de escoger a una de las bellas asistentes para convertirla en tu esposa, pero te fijaste en la fea solterona. Pero eso no ha sido más que otro golpe de suerte para mí —sonrió—. Lady Julianne será una esposa perfecta.
Sarah soltó una exclamación ahogada, y Matthew rezó para que no se le ocurriera moverse. Cuando estaba a punto de hablar, vio un leve movimiento en los setos a espaldas de Berwick, y se sintió invadido por la esperanza. Segundos más tarde apareció una sombra por la abertura de los setos que había justo detrás de Berwick.
Decidido a hacer saber a quienquiera que fuera cuál era la situación, dijo:
—Ya no tendrás más golpes de suerte, Berwick, a pesar de esa pistola y ese cuchillo. Incluso si nos matas y robas el dinero de la fuente, nunca podrás salir de aquí sin que te descubran. Irás a la cárcel y no volverás a ver la luz del día.
—De eso nada. Parecerá que utilizaste el cuchillo contra la señorita Moorehouse..., tu amante despechada, en defensa propia después de que ella te amenazara con esta pistola. Oí vuestra horrible discusión e intenté intervenir, pero llegué tarde. Con el barullo, la pistola se disparó y tú, por desgracia, resultaste herido de muerte. Y nadie sabrá nada del dinero porque nadie sabe que existe. ¿Entiendes? Una historia muy convincente. Y ahora, lamentablemente, ha llegado la hora de deciros adiós.
—Julianne jamás se casará con usted —dijo Sarah con voz calmada.
Berwick le dirigió una mirada airada.
—Te he dicho que guardes silencio.
—Ya. Y que si no matará a Matthew. Pero está bastante claro que lo va a hacer de todas maneras, así que no hay motivo para que guarde silencio. —Y acto seguido, soltó un grito espeluznante y ensordecedor.
Berwick, claramente furioso y nervioso, dirigió la pistola hacia Sarah. Matthew trató de cogerla con una mano y de alcanzar con la otra el cuchillo que guardaba en la otra bota; al mismo tiempo, vio un borrón color café saltando por la abertura de los setos. En el mismo momento que Matthew tiraba a Sarah hacia al suelo y la protegía con su cuerpo, las fauces de Danforth se hundieron en la parte trasera del muslo de Berwick. Este gritó y disparó la pistola. Luego el arma se le cayó de la mano y se derrumbó sobre el suelo con un cuchillo clavado en el pecho.
Matthew miró a Sarah y la rodeó con los brazos, escudriñando ansiosamente su pálida cara con la mirada.
—¿Estás bien?
Al asentir con la cabeza se le deslizaron las gafas.
—Estoy bien. ¿Estás herido?
—No. —Soltó un silbido bajo y Danforth trotó desde donde estaba olisqueando el cuerpo inmóvil de Berwick—. Quédate con Sarah —le dijo al perro que inmediatamente se sentó sobre su zapato.
Tras determinar con rapidez que Berwick estaba realmente muerto, Matthew regresó con Sarah y Danforth; el perro meneó la cola con dicha canina cuando le rascó detrás de las orejas.
—Buen perro —dijo, palmeando el robusto flanco de Danforth. Por Dios, sí que era un perro muy listo—. Nos has salvado la vida. —Miró a Sarah—. Le divierte morder a los asesinos..., yo le enseñé.
—Muy bien hecho. De todas maneras tú solo nos hubieras salvado a los dos. No sólo llevas otro cuchillo, sino que sabes cómo usarlo. —Puso su mano sobre la de él y sonrió—. Un talento muy útil en un marido.
Él apretó su mano y se deleitó en su imagen. Maldición, no entendía que hubiera habido un momento en el que no viera lo hermosa que era.
—Un talento muy útil, cierto. Y uno que espero no tener que volver a exhibir jamás. Aunque no hubiera tenido posibilidad de utilizar el cuchillo sí no fuera por tu grito. Muy efectivo. Lo cierto es que se me pusieron los pelos de punta.
—Bueno, no iba a dejar que te disparara.
—Por lo que te estoy muy agradecido. —Se levantó y le tendió la mano para ayudarla. Cuando ella estuvo en pie, la estrechó entre sus brazos. Sarah descansó la cabeza contra su pecho y él enterró la cara en su pelo—. Gracias a Dios no te hizo daño —susurró.
—Ni a ti. —Un escalofrío la recorrió de pies a cabeza y él la abrazó con más fuerza.
—Has sido muy valiente. Cualquier otra mujer se hubiera desmayado.
—Estuve a punto. —Se relajó en el estrecho círculo de sus brazos y tomó la cara de Matthew entre sus manos—. Pero no iba a dejar que te hiciera daño. Siendo como eres una de mis grandes pasiones, prefiero que sigas de una pieza.
—¿Una de tus grandes pasiones? Creo que me siento insultado.
Sarah esbozó una sonrisa.
—Mi gran pasión.
—Mucho mejor —afirmó él un instante antes de que su boca cubriera la de ella.
—¿Matthew? ¿Sarah? ¿Dónde estáis? ¿Estáis bien?
La voz de Daniel, acompañada por el sonido de carreras, hizo que levantaran la cabeza.
—Aquí, en la fuente —llamó Matthew.
En un segundo apareció Daniel seguido de Hartley y Thurston, y también de Logan Jennsen y Paul, cada uno de ellos llevaba o una pistola o un cuchillo cuando entraron en el pequeño claro.
Daniel observó la escena con la mandíbula tensa.
—¿Qué ha sucedido?
Matthew lo explicó con rapidez, incluyendo la fortuna que supuestamente se escondía en la base de la fuente, algo que había motivado el comportamiento de Berwick. Luego miró a Hartley y Thurston.
—¿Os importaría regresar a la casa para pedirle a Tildon que llame al magistrado?
—En absoluto —convinieron, aliviados de poder abandonar la escena.
Después de que se fueran, Matthew miró a Paul.
—¿Podrías traer una manta para cubrir el cuerpo?
—Sí, milord —contestó; luego también se marchó.
—A menos que me necesitéis para algo, iré a explicarle la situación a las damas —dijo Logan Jennsen—. Todos oímos el grito y el disparo, y estaban bastante preocupadas.
—Gracias —dijo Matthew; apretó los dientes ante la larga y persistente mirada que Jennsen le dirigió a Sarah antes de irse.
—¿Estás seguro de que estáis bien? —preguntó Daniel.
—Seguro —dijo Matthew.
—¿Estás seguro de no haberte golpeado la cabeza?
—Estoy seguro. ¿Por qué lo preguntas?
—Porque pareces haber olvidado buscar el dinero en la base de la fuente.
Matthew negó con la cabeza.
—Estaba tan preocupado por Sarah que lo he olvidado.
Paul regresó justo en ese momento con una manta para cubrir el cuerpo de Berwick. Después de que se fuera, Matthew miró a Sarah.
—¿Lista?
—Totalmente.
Él miró a Daniel.
—Deséanos suerte.
Juntos, Sarah y él se arrodillaron ante la pequeña abertura, y deslizaron las manos dentro.
Y no tocaron nada.
—Está... está vacío —dijo Sarah con la voz llena de decepción.
Matthew rebuscó en el estrecho lugar una vez más, pero no cabía duda de que estaba vacío. Daniel le puso la mano sobre el hombro.
—Lo siento, Matthew. Te veré en la casa.
Después de que los pasos de Daniel se desvanecieran, Matthew ayudó a Sarah a ponerse en pie.
—Lo siento, Matthew —dijo ella con los ojos anegados de lágrimas.
—Yo también, pero cuanto más lo pienso, incluso sin haber llegado a encontrarlo, ese oro me ha hecho rico. Porque sin él, jamás te habría conocido. Y tú vales tu peso en oro.
—No lo valg... —se interrumpió bruscamente para quedarse mirando fijamente por encima del hombro de Matthew.
—¿Qué? —le preguntó él, girándose.
—La fuente. El disparo de Berwick le dio a la jarra de Flora.
Él sacudió la cabeza mientras observaba el daño producido en la jarra.
—Mi madre adoraba esa estatua. Mi padre la mandó hacer para ella.
Sarah lo miró.
—Como la rosaleda.
—Sí.
—Lo que explicaría lo que te dijo sobre la fleur de lis. —Sarah se inclinó hacia delante y sumergió los dedos en el agua de la fuente, luego metió el resto del brazo—. Matthew, mira.
Tenía los ojos clavados en el fondo de la fuente. Matthew siguió la dirección de su mirada y se quedó paralizado. Como él alcanzaba mejor, metió la mano bajo el agua hasta el codo y cogió una brillante moneda de oro. Luego sacó la mano del agua y abrió la palma de su mano.
—Un soberano de oro —dijo Sarah con voz impresionada y excitada.
Inmediatamente comenzaron a buscar en el resto de la fuente. Tras varios segundos, Matthew levantó la vista. Curvó los labios con una lenta sonrisa.
—Sarah, creo que mi padre no dijo «parra». —Cuando ella levantó la mirada del agua, él señaló con la cabeza hacia la jarra rota—. Creo que dijo «jarra».
Mientras lo decía, se metió dentro de la fuente y se puso de puntillas. Agarrándose a la jarra, miró dentro.
—¿Y? —dijo Sarah con impaciencia—. ¿Hay algo ahí dentro?
Ignorando el chorro del agua, Matthew metió el brazo dentro de la vasija ligeramente inclinada. Cuando sacó la mano dijo:
—¿Te acuerdas de que te dije que valías tu peso en oro? Pues al parecer tenemos, literalmente, tu peso en oro.
Abrió la mano y dejó caer un puñado de monedas de oro en el agua de la fuente.
Sarah lo miró con los ojos brillantes y preguntó jadeando:
—¿Hay más?
—Cariño, está llena.
Con un grito de alegría, Matthew bajó al suelo y la cogió entre sus brazos para estrecharla con fuerza.
—Lo hemos encontrado —dijo él, puntualizando cada incrédula palabra con un beso—. No me lo puedo creer.
—Qué ironía que fuera el disparo de Berwick el que nos diera la pista final —dijo Sarah dichosa.
—Sí, aunque estoy seguro de que lo hubiéramos encontrado de todas formas siendo tan brillante como eres.
—Fuiste tú quien dedujiste lo de «jarra».
—Después de que tú llegaras a la conclusión de que el dinero estaba dentro de la fuente.
—Lo que demuestra, supongo, que juntos somos invencibles.
—No sólo invencibles, cariño. Somos perfectos.
Ella sonrió.
—No me sorprende, sabiendo como sé que eres el Hombre Perfecto.
—Pues entonces no hay duda de que hacemos buena pareja, sabiendo como sé que eres la Mujer Perfecta.
Ella sacudió la cabeza y se rió.
—No puedo encontrar ni una sola razón para que digas eso.
Matthew la sujetó entre sus brazos y con una sonrisa tan amplia como la de ella dijo:
—No te preocupes, cariño. Yo encontraré suficientes razones para los dos.


Dos días después de descubrir el oro, Sarah se apresuró para entrar en su dormitorio de Langston Manor. Matthew le había pedido que se reuniera con él en la entrada principal de la casa a eso de las dos de la tarde, una invitación que avivó su curiosidad puesto que se había negado a ofrecerle ninguna pista sobre el tema.
Los últimos dos días habían sido muy ajetreados, especialmente para Matthew. Tras tratar con el magistrado, había viajado a Londres para saldar las deudas de su padre, las cuales no sólo había pagado por completo, sino que además disponía de una liquidez sustancial.
Se habían marchado todos los invitados excepto Carolyn; que se había quedado con Sarah para ayudarla a preparar la discreta boda que tendría lugar dentro de una semana. Cuando Matthew había llegado de Londres unas horas antes, la había sorprendido con el mejor regalo que podría haberle hecho al abrir la puerta del carruaje para mostrarle a Desdémona con un resplandeciente lazo de color lavanda alrededor del cuello. Mientras su adorada perra y ella se reunían en medio de risas y alegrías, Matthew le explicó que se había detenido en su casa para recoger a la perra.
Cuando se la presentaron a Danforth los dos perros se olisquearon a fondo. Desdémona ladró una vez y se relamió. Danforth ladró dos veces y se relamió. Y luego se sentó sobre el rabo de Desdémona, que gruñó con aprobación.
Matthew se rió y dijo.
—Yo se lo enseñé.
Y al parecer, ahora tenía otra sorpresa para ella, aunque no podía imaginarse nada más maravilloso que llevarle a Desdémona.
Cuando ella salió unos minutos más tarde, Matthew, controlando con una mano las riendas de su caballo castrado, Apolo, sonrió mientras la saludaba.
—Justo a tiempo.
Ella le devolvió la sonrisa, pero miró al caballo con desconfianza.
—¿Vas o vienes?
—Voy. Esperaba que te unieras a mí.
—¿Para qué?
—Para ir al pueblo. —La miró con seriedad a los ojos—. Pensé que si venías conmigo a caballo, podríamos de esa manera deshacernos de nuestros malos recuerdos a la vez. Y crear unos recuerdos nuevos y felices, juntos.
Ella pasó la mirada de él a su caballo y viceversa.
—Como matar dos pájaros de un tiro.
—Exactamente.
Ella se humedeció los labios repentinamente secos.
—Hace mucho que no me subo a un caballo.
—Hace mucho que no voy al pueblo. —Él le tendió la mano libre—. Te rodearé con mis brazos todo el tiempo.
—Eso me ayudará.
—Tenerte conmigo, me ayudará también.
Sarah inspiró profundamente; luego, lentamente, le tomó la mano.
—Creemos unos recuerdos nuevos y felices, juntos.
La sonrisa de Matthew le derritió el corazón. Montó en el caballo con la facilidad de un jinete experto, luego extendió la mano hacia ella. Después de tomar aliento para darse valor, metió el pie lentamente en el estribo y al segundo siguiente estaba sentada de lado delante de él con su brazo fuerte y musculoso rodeándole la cintura.
—¿Estás bien? —La pregunta sonó justo en su oído y sintió el roce de los labios de Matthew contra la sien.
—De... de maravilla. —Y se dio cuenta de que así era. Estaba un poco nerviosa, pero con su cuerpo rodeando el suyo, era como si no pudiera pasarle nada malo. Supo que podía hacerlo. Que podían hacerlo, juntos.
Matthew puso a Apolo a un trote suave y se dirigieron fuera de la hacienda.
—Mientras estemos en el pueblo podemos comprar un regalo de bodas —dijo Matthew.
—¿Del uno para el otro?
—No, para Paul. Le ha propuesto matrimonio a una de las criadas del piso de arriba, una joven llamada Mary.
Sarah sonrió.
—¿De veras? Mary es la criada que me dijo cuál era tu dormitorio la noche que cogí prestada tu camisa.
—Recuérdame que le duplique el sueldo. Paul me contó hoy sus planes. Al parecer casi los atrapé juntos en su casa el día que le pedí que hiciera los arreglos con flores de lavanda. Me dijo que fue lo que le dio el empujón final, no quería tener que encontrarse a escondidas durante más tiempo.
—Me alegro por ellos. —Ella se acurrucó más contra él—. Te das cuenta de que cuando lleguemos al pueblo en un solo caballo daremos que hablar a la gente —dijo.
—Sin duda alguna se armará un buen revuelo. Lo podemos llamar «el escándalo de Kent». Y cuando vayamos a Londres, oiremos hablar de este pueblo.
—Y lo llamaremos «el escándalo de Mayfair».
Él se rió.
—Exacto. Como sabes, tengo un pequeño jardín y un invernadero en la casa de Londres que se encuentra bastante abandonado debido a mis problemas financieros. Van a requerir una buena dosis de trabajo y cariño.
—Me encantará proporcionárselos.
—Excelente. —Él se inclinó un poco hacia delante y le mordisqueó el lóbulo de su oreja, enviándole un estremecimiento de placer por la espalda—. Yo también requeriré una buena dosis de trabajo y cariño.
Ella sonrió.
—Me encantará proporcionártelos. ¿Puedo suponer que no hay rosas en la casa de Londres?
Él puso cara de horror y ella se rió.
—Dios mío, no. Siento que voy a estornudar sólo de pensarlo.
—Esos estornudos son una buena manera de saber dónde estás —bromeó Sarah.
Ella sintió que se le aceleraba el corazón cuando Matthew la atrajo más hacia sí y la besó suavemente en los labios.
—Nunca necesitarás preguntarte dónde estoy, cariño. Siempre estaré aquí. Justo a tu lado.
—Lo que te hace absolutamente perfecto.

FIN

Un Saludo
Anonimo

31 de octubre de 2009

Despiertos a Medianoche Capitulo 18

Capítulo 18
Sarah estaba en su dormitorio mirando fijamente la cama, cada rincón de su corazón y de su mente estaba lleno de recuerdos. Los pálidos rayos del sol de última hora de la mañana, débiles por las nubes que cubrían el cielo, teñían la colcha de un color deslustrado que se correspondía perfectamente con su estado de ánimo. Un lacayo acababa de llevarse sus últimas pertenencias. Lo único que quedaba era esperar la llegada de los carruajes. Y luego se iría a casa. De regreso a la vida que siempre había vivido. La vida que siempre había sido suficiente.
Hasta que había llegado allí.
Hasta que se había enamorado loca y totalmente de un hombre que no podía ser suyo. Había sabido desde el principio que existía la posibilidad de que las cosas acabaran tal y como habían acabado, pero a pesar de ello una pequeña llama de esperanza se había instalado en su pecho; creía que podían encontrar el dinero. Que Matthew no se casaría con una heredera. Que al final se casaría con quien quisiera. Y que la afortunada sería ella.
Sueños tontos y ridículos que en el fondo no eran más que vanas esperanzas. Por supuesto que sabía que su corazón estaba en juego. Pero de alguna manera no había pensado que dolería tanto. No se había dado cuenta de que dejaría un profundo vacío en su pecho. No había sabido que perdería su alma junto con su corazón.
Se dirigió a la ventana y miró a los jardines que se extendían debajo. ¿Existiría realmente el dinero que el padre de Matthew declaraba haber escondido allí? ¿O quizá sus palabras habían sido sólo delirios de un hombre agonizante que exhalaba su último aliento roto de dolor?
Metiendo la mano en el bolsillo, sacó el papel donde había escrito las últimas palabras del padre de Matthew. Sostuvo la lista ante la escasa luz solar y la estudió por milésima vez. «Fortuna. Hacienda. Oculto aquí. Jardín. En el jardín. Flor de oro. Parra. Fleur de lis.»
Seguro que había algo que se le escapaba. Revisó mentalmente el nombre latino de cada flor dorada y especie de parras que se le ocurrieron, pero no le sugirió nada nuevo. Después de mirar las palabras durante otro minuto, soltó un suspiro, dobló el papel y lo volvió a meter en el bolsillo.
Con una última mirada, abandonó la habitación y cerró la puerta, el suave chasquido resonó en su mente como una campana fúnebre.
En el pasillo, la saludó Danforth, que, después de agitar la cola, continuó con lo que parecía ser una vigilia en la ventana más cercana a la puerta principal. Tildon, que también la saludó, le explicó:
—Danforth se instala aquí cada vez que su señoría está ausente.
Y cuando regresara, lo haría con una nueva esposa. «Para. Deja de pensar en eso.» Sí, tenía que dejar de pensar en ello. Porque cuando lo hacía, le dolía tanto que apenas podía respirar.
Sarah se acercó a la ventana y rascó a Danforth detrás de las orejas. El perro levantó su mirada oscura con una expresión que parecía decir: «Oh, sí, justo ahí.»
—Adiós, amigo —susurró—. Te voy a echar de menos.
Danforth inclinó la cabeza y lanzó un gruñido como si preguntara: «¿Qué pasa? ¿Tú también te vas?»
—Siento que no hayas podido conocer a mi Desdémona. Creo que os hubierais llevado como los panecillos con la mantequilla.
Danforth se relamió ante la mención de su comida favorita, aunque en lo que a él concernía, todas las comidas eran sus favoritas. Le dio una última palmadita, y tras despedirse de Tildon, salió de la casa.
Había un montón de actividad en el camino de acceso para vehículos. Un lacayo llevaba baúles y otros bultos más pequeños de equipaje; los viajeros permanecían en grupitos, despidiéndose y esperando para irse. Sarah vio a Carolyn, que hablaba con lord Thurston y lord Hartley. Cuando se acercó, oyó que su hermana decía:
—¿Pueden perdonarme, caballeros? Tengo que hablar con mi hermana.
Aunque ambos caballeros parecían reacios a renunciar a su compañía, se alejaron para unirse a lord Berwick y el señor Jennsen, que también aguardaba en las cercanías.
—Gracias, me has salvado de verdad —dijo Carolyn en voz baja después de que Sarah y ella se hubieran alejado unos pasos—. ¡Cielos! ¡Creo que lord Hartley estaba a punto de declararse!
—¿Declarar exactamente qué?
Carolyn soltó una risita.
—No estoy segura, pero no deseaba oírlo fuera lo que fuese.
Se detuvieron al lado del carruaje de Carolyn que llevaba el escudo de armas de los Wingate en las portezuelas lacadas en negro. Carolyn le dirigió a su hermana una mirada inquisitiva.
—¿Estás bien, Sarah?
Antes de que Sarah pudiera contestar, Carolyn continuó rápidamente.
—Diría que estás ansiosa por regresar a casa, si no fuera porque estás pálida y tus ojos... parecen tristes.
Para mortificación de Sarah, se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Estoy cansada —dijo. Su conciencia la regañó, porque si bien era cierto que se sentía cansada, no era la verdadera razón.
Carolyn extendió la mano para coger la de Sarah y le ofreció una sonrisa alentadora.
—Esta noche dormirás en tu cama. Descansarás mejor en un entorno familiar.
Sarah se tragó el nudo de pena que se le puso en la garganta al pensar en su cama, en su solitaria cama. Ciertamente, no podría dormir.
Carolyn le apretó suavemente la mano.
—Te agradezco todos estos meses de compañía, Sarah. No podría haber vuelto a salir sin tu ayuda y apoyo.
Sarah le devolvió el apretón.
—Sí, hubieras podido. Eres mucho más fuerte de lo que crees.
Carolyn negó con la cabeza.
—Encontrar las fuerzas para seguir sin Edward ha sido... difícil. Pero después de tres años, he comprendido que él habría querido que yo siguiera viviendo plenamente.
—Por supuesto que habría querido. Amaba tu sonrisa, igual que yo. Es un verdadero placer verte sonreír de nuevo.
—Haber asistido a todas esas veladas conmigo cuando sé que hubieras preferido quedarte en casa, dedicándote a tus actividades... No sé cómo agradecértelo.
—No hay necesidad cuando tú eres lo más preciado para mí. Asistiría a cien veladas más para verte sonreír.
—¿Cien? —dijo Carolyn en tono divertido.
—Sí. Pero, por favor, no me lo pidas. —Sarah fingió un exagerado escalofrío—. Creo que perdería la razón.
—Prometo no aprovecharme de tu buena disposición. Especialmente después de haber fundado la Sociedad Literaria de Damas Londinenses para mi propio beneficio.
—No lo hice sólo por ti —protestó Sarah. Pero Carolyn sacudió la cabeza.
—Lo hiciste por mí. Y te quiero por ello. —Esbozó una sonrisa traviesa.
—Tengo que decir que nuestra primera incursión en la literatura escandalosa ha sido un enorme éxito. Estoy impaciente por elegir nuestro siguiente libro.
—Y yo. Basándome en mis investigaciones sobre el tema, nuestro próximo libro será una novela de aventuras, lo suficientemente escandalosa como para que cualquier matrona eche mano de sus sales.
—Que es precisamente la razón por la que lo escogeremos —dijeron al unísono; luego se rieron.
—Supongo que te encantará volver a tu jardín —dijo Carolyn—, aunque éstos son espectaculares.
Sarah casi se ahogó con la oleada de tristeza que la inundó.
—Sí, lo son.
—¿Has encontrado algún lugar favorito?
—Resulta difícil decidirse, pero quizá la zona donde está la estatua. —«Allí mantuve la primera conversación con Matthew»—. Es como un jardín oculto dentro de un jardín.
—Sí, es una zona preciosa. ¿Qué diosa representa la estatua?
—Flora. —Sarah frunció el ceño—. Flora... —repitió lentamente. Las palabras de Carolyn hicieron que acudiera un recuerdo a su mente. «Oculto. Un jardín dentro de un jardín.» Las últimas palabras del padre de Matthew fueron... «Jardín. En el jardín.»
Le pareció que se le detenía el corazón. ¿Y si el padre de Matthew hubiera querido decir literalmente jardín en el jardín? ¿Podría haberse referido a la zona donde se ubicaba la estatua de Flora?
Cerró los ojos y recordó la zona. ¿Había flores doradas rodeando a Flora? «Flores doradas, flor de oro...»
Flor de oro.
Una idea la golpeó con tanta fuerza que se quedó boquiabierta. Por Dios, ¿sería posible? Abrió los ojos de golpe con una exclamación y se encontró a Carolyn mirándola fijamente.
—¿Estás bien, Sarah?
Se sentía tan excitada que era incapaz de permanecer quieta.
—Sí, estoy bien. Pero debo irme... Yo, hummm, me dejé algo en el jardín. —Una excusa que rezaba para que fuera verdad.
—Puede recuperarlo alguno de los lacayos.
—¡No! Quiero decir..., no es necesario. Estaremos mucho tiempo en el carruaje, me gustaría dar una vuelta rápida. Volveré tan pronto como pueda. No te vayas sin mí.
—Por supuesto que no...
Pero Sarah no esperó a que su hermana terminara la frase. Ya se había dado la vuelta y se dirigía a grandes zancadas hacia la casa, pensando a toda velocidad. A sus espaldas, escuchó el zumbido de las conversaciones y una voz masculina que preguntaba:
—Lady Wingate, ¿adónde va su hermana con tanta prisa?
Y la respuesta de ésta:
—Se dejó algo en el jardín…
No escuchó nada más porque entró en la casa para decirle precipitadamente a Tildon que se había dejado algo en el jardín. El mayordomo le dirigió una extraña mirada, pero ella siguió adelante, casi corriendo por el pasillo hacia la sala, por donde salió de la casa.
En el mismo momento que pisó las losas de la terraza, se subió las faldas y corrió, con las últimas palabras del padre de Matthew reverberando en su mente. «Flor de oro, flor de oro...» Santo Dios, si tuviera razón...
Cuando llegó al rincón escondido donde Flora derramaba agua desde su jarra, a Sarah le estallaban los pulmones. Jadeando, se dejó caer de rodillas y, sin prestar atención a la grava que se le clavaba en la piel a través de la tela del vestido, comenzó a examinar la base de la estatua, recorriendo con los dedos cada centímetro de piedra. La esperanza corría por sus venas, fortaleciéndose con cada veloz latido de su corazón. Tenía que tener razón. Tenía que estar en lo cierto.
Había completado casi una cuarta parte de la circunferencia cuando notó una grieta en la piedra. Una grieta demasiado perfecta para ser accidental. Sin apenas poder respirar, metió los dedos por la estrecha abertura y descubrió una pequeña oquedad de forma rectangular que parecía contener algo dentro.
Intentó mover las piedras haciendo palanca, pero se dio cuenta con rapidez de que necesitaba algún tipo de herramienta. Poniéndose en pie de un salto, miró a su alrededor buscando algo, cualquier cosa, un palo que sirviera, pero su rápida búsqueda no produjo resultados. Maldición, tendría que regresar a la casa. O... a la casa del jardinero, que estaba mucho más cerca. Había visto hacía un rato a Paul trabajando en el otro extremo del jardín durante su rápido paso por la terraza, por lo que no se lo encontraría en la casa. Lo que le venía muy bien, ya que no tenía el menor deseo de responder preguntas. Sólo tomaría prestada una herramienta o un cuchillo y él jamás lo sabría.
Se dirigía en esa dirección cuando oyó unos pasos que hacían crujir la grava. Por el sonido pesado, dedujo que era un hombre. Un hombre con prisa. Segundos más tarde el hombre apareció y se frenó en seco al verla.
Sarah se lo quedó mirando fijamente. Pasmada. Era Matthew.
Con la respiración entrecortada, él le preguntó:
—¿Qué haces aquí?
Ella parpadeó dos veces para asegurarse de que era él de verdad y no un producto de su imaginación desbocada.
Cuando él no desapareció, ella se humedeció los labios.
—¿Qué haces tú aquí?
Matthew respiró hondo para recuperar el aliento, luego se acercó a ella con lentitud. Estaba paralizada. Cuando sólo los separaba la longitud de un brazo, él se detuvo. Y se forzó a mantener los brazos a los costados. Si no lo hacía, cedería al deseo incontrolable de tomarla entre sus brazos, y olvidar todas las cosas que necesitaba decirle en ese momento.
—Estoy aquí porque tengo algo que decirte, Sarah.
Ella salió del trance en el que parecía haberse sumido al verlo.
—Matthew, me alegro tanto de que estés aquí. Creo que he...
Él le tocó los labios con la yema de los dedos.
—No puedo esperar ni un segundo más para decirte que te amo.
Cuando le había impedido continuar, ella había parecido a punto de discutir con él, pero ahora agrandó los ojos.
—¿Me amas?
—Te amo. Te amo tanto que no puedo pensar en nada más. Estaba a medio camino de Londres cuando me di cuenta de que no podía hacerlo.
—¿Hacer qué?
Incapaz de seguir sin tocarla, la tomó de las manos, entrelazando sus dedos con los de ella.
—Ir a Londres.
—Así que regresaste. Y me alegro tanto de que lo hayas hecho porque yo he...
—No. No regresé.
Ella arqueó las cejas y lo miró de arriba abajo.
—Pues parece todo lo contrario.
—Quiero decir que regresé. Obviamente. Pero no de inmediato. Fui a ver a tu familia antes de volver a casa.
—Es maravilloso, pero tengo que decirte que... —sus palabras se interrumpieron cuando las de él penetraron en su cerebro—. «¿A mi familia?»
—Sí. En vez de ir a Londres, visité a tus padres.
—¿Pero por qué? No puedo encontrar ni una sola razón por la que harías eso.
Él curvó los labios ante la frase familiar.
—No te preocupes. Yo encontraré suficientes razones para los dos.
—Pues me encantaría conocer esas razones.
—La verdad es que sólo hay una razón. —Levantó una de sus manos y le besó los labios—. Quería decirles que deseaba casarme con su hija.
Matthew buscó su mirada para ver su reacción, esperando encontrar alegría. En vez de eso, vio una total y absoluta sorpresa. De hecho, se había puesto totalmente pálida. No era precisamente la reacción que él había esperado. Cuando ella permaneció en silencio, él dijo:
—La única vez que vi una expresión más asombrada que la tuya fue en la salita de tus padres hace unas horas.
—No... no puedo imaginar que estuvieran más conmocionados que yo.
—Bueno, admito que al principio hubo una pequeña confusión.
—Supongo.
—Pensaron que la hija con la que quería casarme era tu hermana.
Ella parpadeó. Luego inclinó la cabeza.
—Sí, estoy segura de que pensarían eso.
—Cuando les dije que me refería a su hija Sarah...
—Estoy segura de que mi madre no te creyó.
—De hecho, no lo hizo. —Matthew tensó la mandíbula al recordar la conversación con la madre de Sarah. Había fruncido la boca y básicamente le había dicho que era tonto por pensar en Sarah cuando Carolyn era tan hermosa.
A él le había dado una gran satisfacción poner en su sitio a esa mujer que tan poca bondad había mostrado hacia Sarah. Se aseguró de que entendiera que él no toleraría tales comentarios despectivos en el futuro ni más insultos contra Sarah, quien, debía recordar, iba a ser la marquesa de Langston. El padre de Sarah había permanecido en silencio durante toda la conversación. Cuando terminó, le había dirigido a Matthew una mirada aprobatoria. Bueno, lo cierto era que parecía a punto de aplaudir.
—Aunque tu madre no me creyó al principio, logré convencerla de que te quería a ti. Sólo a ti. Siempre a ti. —Su mirada buscó la de ella, y la confusión aturdida que vio en sus ojos lo instó a continuar—: Y ahora, parece que tengo que convencerte a ti.
Levantando sus manos unidas, él las presionó contra su pecho.
—Sarah, me enamoré de ti en este mismo lugar, la primera vez que hablamos. Desde ese momento, no he podido pensar en otra cosa que no seas tú. Tus ojos, tu sonrisa me robaron el corazón, y he sido tuyo desde ese día. Intenté convencerme a mí mismo de que podía marcharme y vivir sin ti, que podría casarme con otra persona para salvar la hacienda que mi padre dejó en la ruina a causa del juego. Lo cierto es que hice un buen trabajo para autoconvencerme hasta que llegó el momento de irme. Incluso hice dos horas de camino antes de darme cuenta de que era un completo memo.
La miró directamente a sus bellos ojos que aún tenían una mirada aturdida.
—Te amo, Sarah. Sé que te estoy pidiendo que vivas una vida de penurias, pero te juro que haré todo lo posible para asegurarme de que siempre sea confortable. Haré lo imposible para compensarte y que la hacienda no se venga abajo..., pero tengo que decirte que en definitiva habrá dificultades económicas. Hay bastantes probabilidades de que siempre sea así. Si fracaso en la misión de saldar las deudas de mi padre, incluso puedo acabar en la prisión de deudores.
Los ojos de Sarah echaron fuego al oír eso.
—Si alguien intenta meterte en prisión, tendrá que ser sobre mi cadáver.
Matthew curvó una de las comisuras de los labios.
—No me había dado cuenta antes de esa vena luchadora que tienes.
—Nunca he tenido nada por lo que luchar. Hasta ahora. —Ella soltó una de sus manos y ahuecó la palma sobre su mejilla—. Yo también te amo. Tanto que me duele.
—Excelente. Me alegra saber que no sólo me pasa a mí.
Se arrodilló ante ella.
—Sea o no una promesa en el lecho de muerte, no puedo casarme con nadie que no seas tú. Sarah, ¿me harás el honor de convertirte en mi esposa?
Los ojos de Sarah brillaron intensamente y le tembló el labio inferior.
Maldita sea, no sabía qué decir... Sarah estaba a punto de llorar. Se puso en pie rápidamente y en el momento en que lo hizo ella le rodeó el cuello con los brazos. Luego enterró la cara en su pecho y se puso a llorar como si se le estuviera rompiendo el corazón.
Una sensación muy parecida al pánico se apoderó de él. Maldita sea, aquellos desgarradores sollozos eran peor que las simples lágrimas. Le acarició la espalda y, desesperado, besó su pelo.
—¿Puedo suponer que ésta es una manera muy inusual de decir que sí?
Ella levantó la cabeza, y la ternura se adueñó de su corazón. Esos ojos castaño dorados parecían topacios brillantes desde detrás de sus gafas.
—Sí —susurró ella, luego se rió y el jovial sonido fue acompañado por la aparición de un par de hoyuelos—. ¡Sí!
Se sintió invadido por el júbilo y bajó su boca a la de ella en un beso profundo, lleno de amor, pasión y esperanza para el futuro. Cuando se estaba perdiendo en el sabor de ella, ella lo empujó hacia atrás.
Después de que él levantara la cabeza a regañadientes, Sarah dijo:
—Matthew, debo decirte algo... Aún quedan esperanzas.
Él inclinó la cabeza para deslizar sus labios por el fresco perfume del cuello de Sarah.
—Lo sé. Ahora que has dicho que sí...
Ella negó con la cabeza y su sien chocó contra su barbilla.
—No... Quiero decir que podemos encontrar el dinero.
Él se enderezó y la miró con el ceño fruncido.
—¿Qué?
—Después de meditar las últimas palabras de tu padre y conversar con mi hermana hace un rato, se me ocurrió una idea. Mientras hablaba con Carolyn me referí a esta zona como un jardín oculto dentro de un jardín. Me di cuenta de que eran las palabras de tu padre. Jardín. En el jardín. ¿Has buscado aquí?
—No. —Él extendió la mano para abarcar el área—. Está rodeada de setos. No hay parras. Nada que se parezca a un lirio o flor de lis. No hay flores doradas.
—Exactamente. Quizás el problema sea que estábamos buscando algún tipo de flores doradas. Dijiste que te costó mucho trabajo comprender lo que tu padre decía ya que entrecortaba las palabras. ¿Y si tu padre no dijo «flor de oro»?—Sus ojos adquirieron un brillo excitado—. Dijo que había una fortuna, y tú asumiste como yo que eso quería decir billetes. Papel moneda. ¿Pero y si la fortuna no eran billetes sino oro? Por ejemplo en monedas de oro. ¿Y si lo que él dijo fue «Flora tiene el oro», queriendo decir que el oro estaba escondido en la fuente?
Matthew frunció el ceño, recordando los últimos momentos de vida de su padre. Luego asintió lentamente, una llamita de esperanza se encendió dentro de él.
—Es posible.
—En cuanto se me ocurrió, vine aquí. Me puse a examinar la base de la fuente y encontré una grieta en la piedra justo antes de que tú llegases. Creo que el tesoro puede estar escondido ahí dentro.
Él clavó en ella una mirada estupefacta.
—¿Y me lo dices ahora?
Ella miró al cielo.
—He intentado decírtelo. Varias veces. Pero estabas demasiado ocupado declarándote. No es que me esté quejando, entiéndeme.
Matthew soltó una carcajada y, cogiéndola en brazos, la hizo girar. Tras depositarla sobre sus pies, le dijo:
—¿Te he dicho últimamente lo brillante que eres?
—Bueno, lo cierto es que no creo que lo hayas dicho nunca.
—Qué lamentable descuido por mi parte. Eres absolutamente brillante. Gracias a Dios que has decidido casarte conmigo, así me puedo pasar el resto de mi vida diciéndotelo todos los días.
—No debes decir que soy brillante hasta saber si estoy o no en lo cierto.
—Incluso aunque no lo estuvieras, es una brillante deducción. ¿Dónde está esa grieta en la piedra?
Tomándolo de la mano, lo condujo hacia la fuente, se arrodilló y se lo mostró.
—¿Ves la grieta y la piedra suelta de ese lado?
—Sí.
La excitación lo atravesó. Sacando el cuchillo de su bota, introdujo la delgada hoja. Durante varios minutos los únicos sonidos fueron el goteo de la fuente y el raspar del cuchillo contra la piedra.
—Ya está suelta —dijo él, sintiéndose incapaz de ocultar la excitación de su voz. Depositó el cuchillo en el suelo y logró meter la punta de un dedo en el lateral de la piedra. Moviéndolo de un lado a otro, lo fue sacando poco a poco—. Casi está —dijo, agarrando mejor la gruesa piedra.
Un momento después la piedra del tamaño de un ladrillo se deslizó para revelar una oquedad oscura. Matthew miró a Sarah, que en aquel momento miraba fijamente la abertura.
—Creo que deberías hacer los honores —dijo él, señalando el hueco con la cabeza.
Ella negó con la cabeza.
—No. Mira tú. Es tu fortuna.
—Miraremos juntos ya que es nuestra fortuna.
—Cierto.
Estaban a punto de meter sus manos a la vez en la abertura cuando una voz dijo a sus espaldas:
—Es verdaderamente enternecedor, pero en realidad es mi fortuna.
Matthew se giró sobre sí mismo para mirar unos ojos familiares. Pero en lugar de la amistad que estaba acostumbrado a ver allí, un odio manifiesto brillaba intensamente en ellos, un sentimiento más real si cabe por la pistola que le apuntaba directamente al pecho.


Un Saludo
Anonimo

30 de octubre de 2009

Despiertos a Medianoche Capitulo 17

Capítulo 17
Tres días después, una tarde en la que el brillante sol teñía el paisaje de un aura dorada que Matthew esperaba que fuera un presagio de buena fortuna, Sarah y él estaban en la rosaleda, con las palas en la mano, preparados para cavar las dos últimas hileras de rosales que quedaban. Lo malo era que no habían encontrado nada todavía. Lo bueno, que nadie los había interrumpido durante esas tardes. Ni Matthew, ni Danforth, ni Daniel —que los había acompañado cuando no sustituía al anfitrión— habían detectado intrusos.
La mirada de Matthew encontró la de Sarah por encima de los setos y tuvo que plantar firmemente los pies y aferrarse al mango de madera de la pala para no ir hacia ella. Para no cogerla bruscamente entre sus brazos y enterrar la cara en ese lugar cálido y fragante donde su cuello se unía con su hombro.
Los días pasados en su compañía habían estado repletos de momentos que nunca olvidaría. De trabajo arduo y de decepción al no encontrar el dinero. De risa, sonrisas, sueños y recuerdos del pasado. Y también de largas noches..., horas que habían pasado conociéndose el uno al otro, compartiendo la pasión, susurrando en la oscuridad, abrazándola mientras dormía. Luego se levantaba para mirar por la ventana del dormitorio, buscando alguna señal de intrusos en los jardines, y sin ver a nadie.
Ninguno de los dos mencionaba el inminente final de su tiempo juntos o las pocas probabilidades que tenían de encontrar el dinero. Pero la realidad pesaba sobre ellos y oprimía el corazón de Matthew. Cómo iba a encontrar fuerzas para alejarse de ella, no lo sabía. Por ahora, sólo les quedaba rogar una última vez y tener éxito.
—¿Lista? —preguntó; tenía la garganta reseca por razones que no tenían nada que ver con su reacción a las rosas.
Ella asintió con la cabeza y se le deslizaron las gafas. Él tuvo que agarrarse al mango de la pala con más fuerza para no volver a colocárselas en su lugar. Sarah sonrió, pero sus expresivos ojos reflejaban la gravedad del momento.
—Lista.
Matthew se colocó el pañuelo sobre la nariz y la boca. Cavaron en silencio; los únicos sonidos que se oían eran los crujidos de las hojas, el gorjeo de los pájaros y las palas penetrando en la tierra. Con cada paletada sin resultados, Matthew tenía la moral cada vez más baja. Tras arrojar la última palada de la última zanja, Matthew se encontró mirando ciegamente el espacio vacío. Había invertido todo su tiempo y energía durante casi un año para nada.
Maldita sea, se sentía... hecho polvo. Se puso en cuclillas, apoyó la frente sudorosa en el mango de la pala y cerró los ojos, abrumado por una sensación de cansancio y derrota que no había conocido nunca. Había tenido el presentimiento de que eso sería lo que pasaría y aun así, nunca había perdido las esperanzas. Pero ahora ya no. Su destino estaba decidido. Ya no quedaban esperanzas. Ni tendría a Sarah. Al día siguiente por la mañana se iría a Londres. Para comenzar la siguiente fase de su vida. Sin ella.
Sabía que durante el resto de su vida estaría obsesionado por sus recuerdos. Por su amor por ella. Y se preguntaría por el dinero. ¿Habría existido en realidad y él había fracasado en encontrarlo a pesar de todos sus esfuerzos? ¿Estaría todavía sepultado en alguna parte, debajo de alguna flor dorada que él no había visto, burlándose de él? ¿O quizás el bastardo que había estado cavando durante la tormenta había encontrado el tesoro que tanto había buscado él? Por desgracia, nunca lo sabría.
Él suspiró profundamente, rendido; estaba a punto de ponerse en pie cuando la excitada voz de Sarah le llegó desde el otro lado del seto.
—Matthew, creo que he encontrado algo.
Le llevó varios segundos salir de la niebla de derrota que lo envolvía. Cuando lo hizo, se puso en pie de un salto y rodeó el seto a toda velocidad.
Sarah, con la cara húmeda de sudor y roja por el esfuerzo, estaba de rodillas, apartando frenéticamente la tierra con las manos. Observó que había llegado casi al final de la hilera y que sólo quedaban unos metros por cavar.
—Mi pala ha dado contra algo duro —dijo ella, irguiéndose a su lado con los ojos llenos de excitación y esperanza.
Él se arrodilló a su lado y juntos apartaron la tierra restante. Menos de un minuto después detuvieron las manos. Y clavaron los ojos en lo que habían descubierto.
—Oh, Dios mío —susurró ella.
Él tragó saliva, casi incapaz de deshacer el nudo que sentía en la garganta, el nudo que se le había formado al ver el ladrillo que habían descubierto. No era el dinero, sino solamente... un ladrillo. Un jarro de agua fría que apagó de golpe el último rayo de esperanza.
Las lágrimas que brillaban en los ojos de Sarah le decían que ella se sentía exactamente como él. Le tembló el labio inferior y una sola lágrima resbaló por su mejilla. Y el corazón de Matthew simplemente se partió en dos.
—Sarah... —la tomó entre sus brazos para absorber sus silenciosos sollozos, cada uno de ellos era como una puñalada en el corazón.
—Yo cre-creía que lo había encontrado —susurró ella contra su cuello.
—Lo sé, cariño. Yo también lo creí.
—No puedo creer que no estuviera ahí. Tenía tantas esperanzas..., estaba tan segura... —Otro sollozo desgarrador la atravesó y él le presionó los labios contra el alborotado pelo. Maldición, verla y oírla llorar le destrozaba.
Ella lo miró y se pasó los sucios dedos por sus húmedas mejillas, secándose los ojos llenos de lágrimas con determinación.
—Todavía me quedan unos metros. Quiero terminar. Puede estar ahí.
Él le tomó la cara entre las manos, enjugando suavemente los restos de lágrimas. Había mil cosas que quería decirle. Cosas que compartir con ella. Decenas de miles de mañanas que quería pasar con ella. Y el dolor de saber que eso no iba a ocurrir nunca, casi le cortaba la respiración.
—Yo terminaré —dijo él.
Diez minutos más tarde tuvo que admitir la derrota otra vez.
—Nada —dijo con voz inexpresiva.
Él se giró y le tendió una mano sucia. Ella se la cogió con otra mano tan sucia como la suya, y se dejó llevar lejos de allí. En cuanto estuvieron a una distancia segura de la rosaleda, él se quitó el pañuelo de la cara y se detuvo. Ella lo miró y sus miradas se encontraron. Sintió la necesidad de decir algo, pero por Dios, no tenía ni idea de qué. Fuera como fuese, tuvo que aclararse la garganta para poder hablar.
—Gracias por tu ayuda.
El labio inferior de Sarah tembló y él rezó para que ella no llorara otra vez. Se sentía como una cuerda deshilachada a punto de romperse, y si veía sus lágrimas de nuevo, se moriría.
—De nada —susurró ella—. Siento que todo haya sido en vano.
—Y yo. —Más de lo que podía imaginar.
—Va a ser difícil... despedirnos.
—Sarah... —no sabía qué más decirle, y con un gemido, la tomó entre sus brazos y enterró la cara en su pelo. ¿Difícil? Iba a ser condenadamente imposible.
Respirando temblorosamente, él levantó la cabeza y la miró directamente a los ojos. Los ojos más hermosos que había visto nunca.
—Todavía nos queda esta noche —dijo él—. Nos queda una noche más.
Y luego él se iría y haría lo que tenía que hacer, cumpliría las promesas que había hecho, se ocuparía de sus responsabilidades, salvaría la hacienda que su padre había llevado a la ruina. Conservaría el honor, el honor de la familia. Pero a cambio, perdería a Sarah, quien significaba para él más que nada en el mundo.
Y si ahora le parecía horrible, sabía que al día siguiente sería aún más terrible.


La cena de esa noche acabó convirtiéndose en una celebración informal para conmemorar el final de la reunión campestre en Langston Manor. La comida y el vino fluyeron libremente, y Sarah intentó con todas sus fuerzas ocultar su sufrimiento y compartir las festividades. Afortunadamente, todos los demás, con excepción de Matthew —a quien prefería no mirar para no perder la compostura—, parecían estar de buen humor, así que no fue necesario más que inclinar la cabeza, sonreír y soltar algún comentario ocasional.
Como era su costumbre, se pasó la cena observando a su alrededor. Lady Gatesbourne y lady Agatha estaban enfrascadas en una conversación con lord Berwick; era obvio que ambas damas estaban midiéndolo de arriba abajo como un posible marido potencial, igual que un director de pompas fúnebres mediría un ataúd.
Emily y Julianne mantenían un vivo diálogo con lord Hartley, mientras Carolyn se reía de algo que Matthew había dicho.
Lord Surbrooke y lord Thurston charlaban sobre caballos, una conversación que parecía interesar también al señor Jennsen, que estaba sentado a su lado.
Se dio cuenta de su error cuando el señor Jennsen le dijo en un susurro:
—Le quedaré sumamente agradecido si me rescata de esta conversación tan aburrida sobre caballos.
Sarah no pudo evitar reírse entre dientes.
—Y pensar que creía que estaba fascinado.
—No. Sólo intentaba mostrar lo mucho que han mejorado mis modales.
—¿Qué les pasa a sus modales?
—¿No lo ha notado?
—¿Notar qué?
Él la miró directamente a los ojos con una expresión muy seria.
—Es bueno que esté sentada porque lo que estoy a punto de decirle le causará un gran impacto. —Se acercó más a ella—. Soy americano. De América.
Sarah fingió sorprenderse.
—Nunca lo hubiera supuesto. ¿Usted? ¿Es un colono advenedizo?
Él se llevó la mano al corazón.
—Se lo juro. Lo que significa que tengo que mejorar mis modales, ya que aparentemente dejan mucho que desear. En especial, si espero tentar a cierta señorita para que venga a visitarme a mi casa de Londres.
Dada la manera en que la miraba, no había lugar a malinterpretaciones, y un cálido rubor inundó sus mejillas.
—No... no sé cuándo me será posible.
—Cuando tenga tiempo libre —dijo él con ligereza—. Es una invitación abierta, para las dos, para usted y su hermana, o con quien quiera viajar. —Su mirada buscó la de ella—. Me gusta muchísimo su compañía y me encantaría verla otra vez.
—Me... me siento muy halagada.
—No debería. —Le dirigió una pícara sonrisa—. Después de todo, soy sólo un americano grosero.
—Yo también he disfrutado de su compañía —dijo ella. Y lo había hecho. Pero no quería darle falsas esperanzas, y sabía que en cuanto llegara a casa, pasaría mucho tiempo antes de que su roto corazón pudiera amar de nuevo—. Pero...
—Nada de peros —dijo él con suavidad—. No hay necesidad de que se excuse ni de que me explique nada. Como usted, soy bastante observador. Sólo deseo que usted sea feliz, y debería ir a Londres, me encantaría mostrarle la ciudad. Sólo tiene que decirme cuándo.
El sonrojo de Sarah se hizo todavía más evidente. No estaba segura de qué era lo que había observado, pero sospechaba que él se había dado cuenta de que mostraba algo más que un interés pasajero por Matthew.
—Gracias por su amistad.
—De nada.
Él no añadió que le estaba ofreciendo algo más que amistad, pero no lo necesitaba..., estaba en sus ojos para que ella lo viera. Sarah cogió la copa de vino y bebió un sorbo para ocultar su consternación. Hasta que había ido a Langston Manor ningún hombre la había mirado dos veces. Ahora había dos hombres que se mostraban interesados en ella.
Ojalá su corazón hubiera elegido a Logan Jennsen en vez de a Matthew. Pero pensarlo era tan inútil como imaginar que habían encontrado el dinero.
Le quedaba una noche más con Matthew; unas pocas horas robadas que deberían durarle toda una vida. Tenía intención de atesorar cada momento.


Era casi medianoche cuando terminaron las partidas y todos se dirigieron a sus dormitorios. En cuanto entró en su habitación, se quitó rápidamente la ropa y se puso lo único que quería llevar encima..., la camisa de Matthew que había pedido prestada para Franklin, al que ya habían desmontado para devolver los artículos a sus dueños. Le devolvería la camisa a Matthew esa noche, mucho después de que él se la quitara.
Minutos más tarde oyó un suave golpe en la puerta. Con el corazón desbocado observó cómo se abría la puerta. Matthew entró con un pequeño ramillete de flores de lavanda. Después de cerrar la puerta con llave, ella surgió de las sombras.
Él se quedó paralizado cuando la vio, la recorrió con la vista de arriba abajo, con una mirada que mostraba una combinación de ardor y ternura que lo dejó sin aliento. Sin apartar los ojos, caminó hacia ella, titubeando, cuando se detuvo a menos de medio metro.
—Te has puesto mi camisa —dijo él.
Ella asintió con la cabeza.
—Recuerda que te dije que te la devolvería.
—Sí. —Él extendió la mano y tocó la tela—. Pero creo que deberías quedártela. En mí es una prenda normal, pero en ti parece algo... magnífico. —Le tendió el ramillete—. Para ti.
Sarah tomó las flores y se las llevó a la nariz para aspirar la fresca fragancia.
—Gracias. Son mis favoritas.
—Lo sé. Y ahora también son las mías.
Mirándole por encima de las flores color malva, le dijo:
—Los arreglos del comedor y el vestíbulo eran magníficos.
—Quería que supieras que pensaba en ti.
Al volver a oler las flores, notó algo brillante entre ellas. Lo cogió y se quedó paralizada ante el objeto que sacó.
Era un broche. Con la forma de un lirio, un lirio perfecto, una flor esmaltada en púrpura con esmeraldas verdes en las hojas y ribeteado en oro.
—Es muy bonito —susurró ella, pasando los dedos por los vivos colores.
—Sí. Era de mi madre —dijo Matthew suavemente—. Espero que lo uses. Y que al hacerlo me recuerdes con cariño.
«¿Con cariño?» Por Dios, esa palabra no le hacía justicia a lo que sentía por él. Parpadeando para contener sus ardientes lágrimas, dijo:
—Gracias, Matthew. Lo guardaré siempre como un tesoro. Yo también tengo un regalo para ti. —Se encaminó al escritorio, dejó las flores y el broche sobre la superficie pulida y luego cogió unos pergaminos enrollados y atados con una cinta. Regresó a su lado para dárselos.
En silencio, él quitó la cinta y desenrolló lentamente los bocetos. Miró el primero; tenía dibujadas dos flores con largos tallos curvos. Matthew sonrió.
—Straff wort y tortlingers —dijo él, leyendo las palabras que ella había escrito debajo de las plantas imaginarias—. No sé cómo, pero sabía que serían exactamente así.
Tomó el segundo boceto y lo miró durante largo rato; un músculo comenzó a palpitarle en la mandíbula. Cuando finalmente levantó la vista, la emoción que reflejaban sus ojos hizo que el corazón de Sarah se saltara un latido.
—Tú... como Venus. Es perfecto. Justo como sería Venus si llevara gafas. Gracias.
—De nada.
Volvió a atar la cinta con cuidado y luego cruzó la estancia para dejar los bocetos encima del escritorio al lado de las flores. Después caminó hacia ella, pero cuando llegó a su altura, no se detuvo, la tomó en brazos y la llevó a la cama, dejándola sobre el borde del colchón.
Sin decir nada, se arrodilló ante ella y extendió la mano para desabrocharle su camisa; lo único que llevaba puesto. Tras deslizarle la prenda por los hombros y los brazos, le rozó la piel con la yema de un dedo desde el hueco de su garganta al ombligo.
—Tiéndete —susurró con voz ronca.
Después de que lo hiciera, él le abrió las piernas y le subió los muslos colocándoselos sobre los hombros. El pudor de Sarah se evaporó con el primer toque de la lengua de Matthew sobre sus sensibles pliegues. Nunca había imaginado tal intimidad. Él le hizo el amor con la boca, la acarició con los labios y la lengua mientras sus dedos le rozaban la piel con delicada perfección. Cuando llegó al clímax, ella lanzó un grito que pareció provenir de las mismas profundidades de su ser.
Lánguida y relajada, lo observó quitarse las ropas. Luego Matthew cubrió su cuerpo con el suyo y la magia empezó una vez más. Sarah intentó memorizar cada roce. Cada mirada. Cada sensación. Pues sabía que serían los últimos.
Cuando despertó por la mañana, él se había ido.


Matthew llevaba dos horas en la carretera camino de Londres cuando detuvo a Apolo y se inclinó para palmear el cuello marrón del caballo castrado. Los rayos del sol naciente que teñían de malva el amanecer cuando abandonó Langston Manor habían dejado paso a un cielo azul salpicado con nubes algodonosas. Sus invitados no abandonarían su casa hasta media tarde, pero él se había sentido incapaz de quedarse.
No habría soportado decirle adiós a Sarah delante de todo el mundo. Quería recordar su imagen dormida después de haber hecho el amor, con su pelo extendido alrededor como un halo rizado de color café.
Delante de él, el camino se dividía en dos: el de la izquierda conducía al sudoeste, hacia Londres, mientras que el de la derecha conducía... en dirección contraría a Londres.
Miró los dos caminos durante un largo momento mientras miles de imágenes atravesaban su mente. Imágenes que sabía que lo obsesionarían hasta el final de sus días.
Sabía lo que tenía que hacer. No había vuelta atrás.
Pero antes de ir a Londres, tenía que visitar otro lugar primero.
Presionando con los talones los flancos de Apolo, cambió el rumbo y tomó el camino de la derecha.


Un Saludo
Anonimo

28 de octubre de 2009

Despiertos a Medianoche Capitulo 16

Capítulo 16
La luz gris de un amanecer lluvioso comenzaba a teñir el cielo cuando Matthew abandonó la cama de Sarah. Antes de vestirse, bajó la vista hacia ella incapaz de apartar la mirada de la imagen que presentaba; su pelo estaba extendido sobre la almohada y un hombro desnudo asomaba por debajo de la colcha. Después de haber hecho el amor una segunda vez, ella se había quedado dormida con su pecho como almohada, con el brazo apoyado sobre su vientre y una pierna entrelazada con la suya.
Él había permanecido despierto mirando fijamente el techo, escuchándola respirar, depositando besos suaves sobre su pelo. Atesorando la sensación de su cuerpo acurrucado contra el suyo.
Pero ahora la noche tocaba a su fin y él tenía que regresar a su dormitorio antes de que se levantara todo el mundo. Mirando en silencio la forma durmiente, recogió sus pantalones del suelo y se los puso. Abandonar la cama de Sarah y salir de esa habitación iba a resultar mucho más difícil de lo que había imaginado. Había esperado disfrutar de esa noche juntos, de seducirla y de iniciarla en el arte de hacer el amor; de enseñarle a disfrutar del placer.
Pero no había esperado sentirse como si él fuera el único seducido. El único que había aprendido lo maravilloso que era hacer el amor. El único ilustrado en el arte del placer verdadero. A pesar de toda su experiencia, había aprendido de manos inexpertas la diferencia entre aplacar simplemente la lujuria y hacer el amor con alguien que te importa de verdad.
No había esperado la profunda sensación de paz que invadía cada parte de su ser. Parecía como si se hubiera quedado saciado después de años de buscar infructuosamente esa paz que ahora llenaba su alma. Nunca hubiera esperado encontrarla en los brazos de una virgen solterona. De hecho, si alguien se lo hubiera sugerido, se hubiera reído.
Era evidente que tenía muchísimo que aprender. Y Sarah —la inocente y protegida Sarah que no conocía ni había hecho ni la mínima parte de las cosas que él sí había hecho— sabía más sobre la vida y el amor, sobre la generosidad y la bondad, que nadie que él hubiera conocido. Y en sólo unos días se alejaría de su vida. A menos que él encontrase el dinero.
Si lo hacía —y ojalá así fuera— podría casarse con ella. Con sólo pensarlo, la oscura vida solitaria que preveía para su futuro se convertía en una vida llena de luz y calor. Para ello tenía que encontrar el dinero. Tenía que estar allí, en su jardín. Tenía tres días y un montón de acres en la rosaleda donde buscar. Y por Dios, que su búsqueda daría sus frutos.
Agarró su arrugada camisa y terminó de vestirse rápidamente. Luego, después de depositar un suave beso en la sien de Sarah, abandonó la estancia, cerrando la puerta tras él sin hacer ruido.
Con rapidez recorrió el pasillo hasta su dormitorio; acababa de doblar la esquina cuando se detuvo. Caminando hacia él, a menos de dos metros, estaba Daniel. Daniel, quien tenía el ceño fruncido y miraba al suelo y estaba claro que aún no lo había visto. Daniel, quien, obviamente, había estado fuera pues estaba empapado y manchado de barro.
En ese momento su amigo levantó la vista y sus pasos vacilaron. Sus miradas se cruzaron y durante sólo un instante algo brilló en los ojos de Daniel, algo que Matthew no pudo descifrar; una mirada que no recordaba haber visto antes en él.
Matthew arqueó las cejas y recorrió a Daniel con la mirada. Tenía la ropa empapada y llena de lodo.
—¿De dónde vienes?
De la misma manera, Daniel arqueó las cejas y recorrió a Matthew con la mirada, percatándose, como Matthew muy bien sabía, de su ropa arrugada y su aspecto desaliñado.
—Me parece que está claro dónde he estado —dijo Daniel en voz baja, acercándose a él—. Fuera.
—¿Por alguna razón en particular? Hace un tiempo horrible por si no lo has notado.
—Lo noté. De hecho, te andaba buscando. Cuando descubrí que no estabas en tu dormitorio, tuve la loca idea de que habías salido a buscar a pesar de la tormenta.
—¿Y se te ocurrió ir a ayudarme?
—Pensé, en el mejor de los casos, detenerte. Y en el peor, que no hacía mal a nadie yendo a buscarte. Pero está claro que me equivoqué. —Echó un rápido vistazo por el pasillo—. Me gustaría ponerme ropa seca. ¿Te importaría seguir hablando en mi dormitorio?
Matthew asintió. Cualquiera podría toparse con ellos en el pasillo, y no quería arriesgarse a que los oyeran hablar sin querer.
En cuanto estuvieron en la habitación de Daniel, Matthew se apoyó en la repisa de la chimenea y miró con la vista perdida las ascuas candentes mientras su amigo se cambiaba. Cuando Daniel se reunió con él, tenía el pelo húmedo, pero se había puesto unos pantalones limpios de color beige y una camisa blanca.
—¿Para qué fuiste a mi dormitorio? —preguntó Matthew.
—No podía dormir. Pensé que quizás a ti te pasaría lo mismo y no te importaría compartir un brandy conmigo. —Le dirigió una mirada especulativa a la ropa de Matthew—. Si no estabas en tu habitación, ni fuera, la pregunta es; ¿En qué dormitorio estabas? ¿En el de la bella heredera con la que esperas casarte, y cuya fortuna necesitas con tanta desesperación? ¿O en el de la solterona a la que no puedes quitar los ojos de encima, y que no tiene la fortuna que tú necesitas?
Matthew se apartó de la repisa de la chimenea y entrecerró los ojos. Antes de que pudiera decir una palabra, Daniel alzó una mano.
—No necesitas responder. La respuesta es obvia. Por lo que nos encontramos ante un gran dilema.
—No es lo que piensas.
Daniel le dirigió a Matthew una mirada inquisitiva.
—¿Piensas tomar a la señorita Moorehouse como amante? Será una situación muy embarazosa siendo como son ella y lady Julianne tan buenas amigas. Francamente, me sorprende que pienses en tal arreglo y me sorprende más aún que la señorita Moorehouse esté de acuerdo.
—No hay ningún tipo de arreglo. Ni tampoco un dilema, porque no tengo intención de casarme con lady Julianne.
Daniel se quedó paralizado.
—¿Has encontrado el dinero? —preguntó bruscamente.
—No. He decidido buscarme una heredera distinta... si sigue siendo necesario. —Le relató su plan de completar su búsqueda en la rosaleda durante los tres días siguientes y luego ir a Londres si no había encontrado el dinero.
Cuando terminó, Daniel le dijo:
—Puedo asumir entonces que tu marcha a Londres señalará el final de esta reunión campestre que al final ha resultado ser un estrepitoso fracaso.
—Sí. —Frunció el ceño—. Aunque no diría que haya sido un fracaso. ¿Acaso no lo has pasado bien?
—Sí. Pero que yo lo pasara bien no era la razón de esta reunión. Lo era que tú consiguieras una heredera. Supongo que no hace falta decir que si hubieras concentrado tus energías en lady Julianne, ahora mismo estarías a punto de casarte con una mujer por la que la mayoría de los hombres daría uno de sus brazos.
—Pues no, no hace falta decirlo.
—Bueno, no está todo perdido con lady Julianne. Podrías...
—No. —Matthew lo interrumpió en tono seco—. Lady Julianne queda descartada.
—Porque es amiga de la señorita Moorehouse.
—Sí.
—Ya veo —dijo Daniel, asintiendo lentamente—. ¿Le has dicho ya a la señorita Moorehouse que estás enamorado de ella?
Matthew parpadeó.
—¿Enamorado de quién?
—De la señorita Moorehouse, imbécil.
Durante varios segundos Matthew casi sintió que el suelo se abría bajo sus pies.
—¿Cuándo dije que estaba enamorado de ella?
Daniel soltó una risita entrecortada.
—No tienes que decirlo. Amigo, eres tan transparente como el cristal, al menos para alguien que, como yo, te conoce al dedillo. Cada vez que la miras, que hablas de ella, te iluminas como si te hubieras tragado un candelabro. Lo que sientes por ella está presente en lo que dices y haces. —Daniel ladeó la cabeza y le dirigió una mirada inquisitiva—. No me digas que no lo sabías.
—¿Saber qué? ¿Que parece que me he tragado un candelabro?
—No, imbécil. Que estás enamorado.
Matthew lo fulminó con la mirada.
—Es la segunda vez que me llamas imbécil.
—Ya verás como después agradeces mi franca sinceridad.
—No lo haré. —Frunció el ceño y dirigió una mirada perdida al fuego. Las palabras de Daniel hicieron mella en él; la verdad lo aturdió, pero no podía decir que lo sorprendiera. Finalmente, se volvió hacia su amigo y después de aclararse la garganta dijo en tono avergonzado—: Me parece que me he enamorado.
—Al menos, ahora que lo has admitido puedo dejar de llamarte imbécil. ¿Qué piensas hacer al respecto?
—¿Hacer? —Matthew se pasó los dedos por el pelo—. No puedo hacer nada más de lo que ya estoy haciendo..., seguir buscando el dinero, lo que por desgracia no creo que vaya a encontrar y, salvo un cambio de fortuna en el último momento, casarme con una heredera.
—¿Y tus sentimientos por la señorita Moorehouse?
Matthew cerró brevemente los ojos y exhaló un largo suspiro. Repentinamente cansado, dijo en un susurro:
—Si no encuentro el dinero, tendré que ignorarlos. Hay cosas más importantes que mis sentimientos. Hice varias promesas. Di mi palabra. Tengo responsabilidades hacia otras personas aparte de mí mismo.
Daniel asintió de manera aprobatoria.
—Una decisión sensata. Como ya te dije una vez, todas las mujeres son iguales, especialmente en la oscuridad. Sobre todo después de varias copas. Por lo que considero una tontería basar el matrimonio en algo que no sean razones puramente prácticas como el dinero, engendrar un heredero, el título, las propiedades. Basarlo en algo tan efímero como los caprichosos anhelos del corazón es una estupidez.
—Cierto.
—Y como no tienes otra opción, si no encuentras el dinero tendrás que casarte con una heredera.
—Correcto. —Por Dios, esa conversación con Daniel lo hacía sentir mucho mejor.
—Además, tampoco es que la señorita Moorehouse se vaya a quedar para vestir santos.
—Exacto. —Frunció el ceño—. ¿Qué?
—No tienes que preocuparte de que la señorita Moorehouse vaya a quedarse sola después de que te cases con otra. Jennsen ya planea visitarla en Londres.
Matthew creyó que echaba humo por las orejas.
—¿Jennsen? ¿Cómo lo sabes?
—Me lo dijo esta tarde cuando jugábamos al backgammon.
—¿Y Sarah accedió? —Sólo de pensarlo se le ponía un nudo en el estómago.
—Aún no se lo ha preguntado. Pero lo hará. —Un músculo palpitó en la mandíbula de Daniel—. Tiene intención de pedirle permiso a lady Wingate, así que todo será de lo más correcto.
—Qué bastardo —dijo Matthew.
—Un condenado bastardo —convino Daniel—. Pero como tú estarás casado con otra persona, no puede molestarte que la señorita Moorehouse se consuele con la compañía de otro hombre.
No, no podía. Pero, maldita sea, lo hacía. Con cada parte de su ser. Apretó los puños. Pensar en Jennsen tocándola, besándola, haciendo el amor con ella, lo ponía enfermo. Le hacía querer romper algo. Como por ejemplo la maldita cara de Jennsen.
Daniel se aclaró la voz.
—No creo que sea necesario señalar que te has enamorado de la mujer equivocada. Tu vida sería muchísimo más fácil si te hubieras enamorado de lady Julianne.
—Estoy de acuerdo. Pero como no lo hice, sólo puedo hacer una cosa.
—¿Qué?
—Rezar para lograr encontrar el dinero.


A última hora de la tarde Matthew se dirigió con largas zancadas a través del césped hacia la vivienda del jardinero jefe. Por fin había dejado de llover y la hierba mojada parecía como terciopelo verde brillando intensamente bajo los intermitentes rayos del sol que se filtraban entre las nubes algodonosas del cielo del atardecer. Tildon estaba haciendo los preparativos para el té, y Matthew quería hablar con Paul antes de reunirse con sus invitados.
Con una invitada en particular.
Maldición, ahora iba a ser más que una tortura mantener su expresión y el tono de voz neutrales; tener que ocultar su deseo.
Su amor.
Cuando se acercaba a la vivienda del jardinero, vio salir a Paul de la modesta casa de una planta donde vivía para abrirse paso por uno de los caminos. Al verlo, Paul se detuvo en seco como si hubiera chocado contra un muro. Lanzó una rápida mirada hacia la casa, luego levantó la mano para proteger sus ojos del sol del atardecer.
—Buenas tardes, milord —lo llamó a gritos, haciendo que Matthew se preguntara si el hombre habría perdido oído..., o si creía que lo había perdido él.
—Buenas tardes, Paul. ¿Qué tal va todo?
—Muy bien, milord —continuó Paul alzando la voz—. Un poco sorprendido de verlo por aquí. ¿Necesita algo de mí?
Matthew observó el rubor que teñía las mejillas del jardinero y la mirada que volvía a dirigir por encima del hombro hacia la casa.
—Me gustaría que me cortases unas flores para unos arreglos especiales que necesito en cuanto sea posible, como muy tarde después de la cena. Unos ramos serán para la mesa del comedor y el vestíbulo, y también quiero un ramo pequeño que aún no sé dónde pondré.
—Muy bien, milord. ¿Quiere algunas flores en especial?
—Sí. Lavanda.
—¿Y qué más?
—Nada más.
Paul parpadeó.
—¿Es ése el único tipo de flor que quiere incluir en los ramos?
—Sí. Sólo lavanda.
—Muy bien, milord. Lo haré de inmediato. Las flores estarán especialmente bellas después de la lluvia de anoche. —Se rió entre dientes—. Supongo que usted también se mojó.
Matthew frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Lo vi anoche, excavando en la rosaleda. ¿Puedo suponer que con la lluvia estornuda menos?
Matthew se quedó helado.
—¿Me viste ayer por la noche cavando en la rosaleda? —repitió, sólo para asegurarse de que había entendido correctamente.
—Sí, milord.
—¿A qué hora?
Paul frunció los labios y se rascó la cabeza.
—A eso de las tres de la madrugada. La lluvia había amainado un poco a esas horas.
—¿Y qué estabas haciendo tú en la rosaleda a las tres de la madrugada? —preguntó Matthew como quien no quiere la cosa.
Algo brilló en los ojos de Paul. Antes de que Matthew pudiera decidir qué era, el jardinero se rió entre dientes.
—Ah, usted ya sabe lo que pasa cuando uno no puede dormir. Algunas veces un simple paseo es suficiente para quedar agotado. Como la lluvia casi había amainado, pude dar una pequeña vuelta por el jardín. Si no quiere nada más, milord, iré a por las herramientas para cortar las flores de lavanda que me ha pedido.
—No necesito nada más, Paul. Gracias.
Tras despedirse, el jardinero se dio la vuelta y regresó a la casa. Poco antes de que él entrara, Matthew notó una sombra detrás de las cortinas. Después de que Paul cerrara la puerta, Matthew recorrió lentamente el camino hacia la mansión con la mente centrada en dos cosas. Por un lado, quedaba claro que Paul no estaba solo. Sus gritos habían sido una advertencia para quienquiera que estuviera en su casa. Por otro lado, estaba el perturbador conocimiento de que alguien había estado cavando en la rosaleda la noche anterior. Un hombre que no era él y de quien no conocía la identidad.
¿Quién había sido? ¿Y por qué estaba cavando? ¿Habría encontrado esa persona el dinero? ¿O quien fuera lo había visto a él cavando y había deducido que estaba buscando algo de valor..., algo que el cazafortunas quería encontrar antes?
Las únicas dos personas a las que había contado lo del dinero eran Daniel y Sarah. Sarah había estado con él toda la noche. Y Daniel...
Daniel había estado en la rosaleda. Matthew soltó un largo suspiro y se pasó la mano por la cara. Daniel le había estado buscando. Una actividad que por cierto no requería ningún tipo de excavación. Su amigo no le traicionaría nunca. Lo que quería decir que alguien más debía de haberse enterado de lo del dinero. O al menos lo sospechaba. Y lo estaba buscando.
Por otra parte, Paul también había admitido haber estado en la rosaleda. Y era obvio que el jardinero ocultaba algo.
¿Sabría Paul algo del dinero? ¿Había sido él la persona que lo había estado observando la noche que había sentido que lo espiaban? Pero ¿por qué mencionaría Paul haber visto a alguien si hubiera sido él mismo la persona que había estado cavando? Bueno, había algo que fallaba en la historia de Paul. ¿Quién diantres caminaría bajo la lluvia para poder conciliar el sueño? Quizá Paul sospechara que él lo había visto y le había contado esa historia para explicar su presencia en la rosaleda.
O quizás había alguien más además de Daniel y de Paul en la rosaleda, un lugar demasiado concurrido la noche anterior.
¿Pero quién?
No lo sabía, pero estaba decidido a averiguarlo.
Sin embargo, hasta que lo hiciera, si había alguien oculto en la oscuridad, alguien que sabía o sospechaba que existía ese dinero, cavar con Sarah quedaba descartado. Aunque no le importaba correr riesgos, no iba a permitir que ella los corriera también. Tendría que terminar de cavar la rosaleda él solo. Preferiblemente durante las horas del día. Le preguntaría a Sarah si existía alguna excusa plausible por si alguien le preguntaba; oxigenar las raíces o algún disparate de ese tipo. De hecho, con tan poco tiempo, tendría que dedicarse a excavar inmediatamente después del té. Recurriría a Daniel para mantener ocupados a los invitados mientras él se dedicaba a ello. También le contaría a Daniel las últimas novedades y solicitaría la ayuda de su amigo para descubrir la identidad del misterioso excavador, así como del invitado de Paul.
Durante la cena de esa noche, anunciaría su partida a Londres en los próximos días, y el fin de la reunión campestre. Apretó la mandíbula. Y si había un traidor en su casa, tenía la intención de saber quién era antes de irse.


Después de una deliciosa cena y las partidas habituales de cartas y backgammon en la salita, se dio por finalizada la velada y Sarah se dirigió a su dormitorio. Como Emily tenía un fuerte dolor de cabeza, la Sociedad Literaria de Damas había acordado reunirse en la habitación de Sarah antes del almuerzo del día siguiente para desmontar a Franklin y devolver la ropa a sus propietarios.
Cuando llegó al final de las escaleras, les dio las buenas noches a los demás invitados, su mirada buscó a Matthew pero no lo encontró. Los había precedido al subir las escaleras mientras que ella se había quedado en la retaguardia. Estaba claro que él ya había doblado la esquina del pasillo que conducía a su dormitorio.
Recorrió el pasillo hacia su habitación sin apresurar el paso, todo un reto cuando lo único que quería era correr para leer la nota que le quemaba en el bolsillo de su vestido.
Horas antes, en la salita, Matthew le había dejado disimuladamente en la palma de la mano una nota doblada. Azorada, no sólo ante el gesto sino también ante la fugaz caricia, se la había metido con rapidez en el bolsillo y se había acercado al calor de la chimenea para así poder excusar el rubor que inundaba sus mejillas. Durante la última hora le había resultado casi imposible estar sentada o hablar con los demás invitados, ya que cada fibra de su ser estaba consumida por el deseo de escapar y leer su nota.
El pasillo le pareció interminable, pero al final llegó a su alcoba. En el mismo momento en que cerró la puerta, sacó el trocito de papel del bolsillo. Con dedos temblorosos lo desdobló y lo leyó; sólo había impresas tres palabras: «Disfruta del baño.»
¿El baño? Frunció el ceño y levantó la mirada. Y vio la bañera de cobre delante de la chimenea. Encantada, cruzó la estancia. El vapor salía en espirales desde la bañera, tentándola a sumergirse en el agua caliente.
Al parecer él había ordenado que le prepararan aquel lujo para que ella lo disfrutara antes de su expedición nocturna. Aunque no estaba acostumbrada a recibir gestos románticos, estaba decidida a disfrutarlos..., aunque su vocecilla interior le advertía que no se acostumbrara a ellos.
Se despojó de la ropa con rapidez y se acercó a la bañera. Doblándose por la cintura, se inclinó y sumergió los dedos en el agua para probar la temperatura.
—Ésta es la vista más cautivadora que he visto nunca —pronunció una voz familiar justo detrás de ella.
Con un jadeo sorprendido, Sarah se enderezó y se giró. Matthew estaba a menos de un metro. Mostraba una sonrisa pícara; llevaba una bata de seda y, por lo que ella podía observar, nada más.
Ella se había llevado la mano al corazón, no sólo por la sorpresa sino también por su presencia. Y por el fuego que veía en sus ojos. Verlo allí la hizo querer repetir «la vista más cautivadora que había visto nunca», pero antes de poder decir palabra, él acortó el espacio entre ellos con un solo paso, tomándola bruscamente entre sus brazos y besándola como si se muriera de hambre y ella fuera un banquete.
Ella abrió los labios con un gemido, rodeó el cuello de Matthew con los brazos y se apretó contra él. A través de la seda de su bata se filtraba el delicioso calor de su piel. Su duro miembro presionaba contra su vientre y se sintió inundada por el deseo cuando recordó cómo lo había sentido empujando profundamente en su interior.
Después de un beso abrasador y profundo, él levantó la cabeza para recorrerle el cuello con la boca.
—No tienes ni la más remota idea de cuánto he deseado hacer esto... —susurró él, rozándole la piel con su cálido aliento y provocando en respuesta un delicioso estremecimiento—. Todo. El. Día. —Fue puntuando cada palabra con suaves mordisquitos a lo largo de la clavícula.
—Creo que ya me hago una pequeña idea —contestó ella, ladeando el cuello para permitirle a sus labios un mejor acceso—. Oh, Dios. ¿Es por eso por lo que estás aquí? ¿Porque quieres besarme?
—Entre otras cosas. Antes tengo que decirte que nuestras expediciones nocturnas deben suspenderse. —Procedió a revelarle la perturbadora conversación que había mantenido por la tarde con Paul, y concluyó con—: No puedo exponerte a ningún peligro. Por eso terminaré la excavación durante el día.
—Te ayudaré. —Como él parecía dispuesto a discutirlo, ella dijo—: Irás armado, y Danforth estará con nosotros. Llevará la mitad de tiempo si lo hacemos entre los dos. Quizá lord Surbrooke pueda unirse a nosotros para que estemos más protegidos.
Él frunció el ceño.
—Lo pensaré. Pero también se me ha ocurrido que tenemos tres noches por delante antes de que me vaya a Londres. Sería una pena desperdiciarlas.
—Ya veo. ¿Y cuándo se te ocurrió eso?
—Unos diez segundos después de abandonar tu cama esta mañana.
Ella se apoyó en él y suspiró cuando Matthew le ahuecó las nalgas con una mano y posó la otra sobre un pecho.
—Entonces llegas tarde porque a mí también se me ocurrió algo similar aproximadamente tres segundos después de haber hecho el amor contigo. La primera vez.
—Ah. —De forma simultánea pellizcó su pezón y le pasó los dedos de la otra mano por el sensible hueco de su espalda, arrancándole un profundo gemido—. Sabía que eras una alumna aventajada.
—Sí. Una alumna que está muy ansiosa por recibir la siguiente lección. Aunque ya he aprendido muchas cosas... Ahora sé cómo se siente la cera al derretirse.
—¿Y cómo se siente?
—Caliente. Y líquida. —Presionando las manos contra su pecho, se inclinó y lo miró a través de sus gafas ligeramente torcidas. Con una tierna sonrisa, él se las quitó y extendió la mano para dejarlas en la repisa de la chimenea—. ¿Cómo has logrado desnudarte, ponerte la bata y entrar en mi habitación en tan poco tiempo?
—Desaparecí varios minutos después de la cena y traje aquí mi bata. La escondí en el armario, donde Franklin prometió vigilarla por mí. Cuando todos se disponían a irse a la cama, me detuve aquí en vez de continuar por el pasillo que lleva a mi alcoba. —Pasó una mano por debajo de uno de sus muslos y le levantó la pierna, apoyándosela en su cadera, abriéndola para sus caricias. Ella se quedó sin aliento cuando sus dedos acariciaron suavemente los pliegues femeninos, que ya sentía hinchados y resbaladizos—. En cuanto a mi velocidad en desvestirme —continuó él mientras sus hábiles y diabólicos dedos rompían su concentración—, te sorprenderías de lo rápido que un hombre puede quitarse la ropa si tiene al alcance de las manos la deliciosa posibilidad de hacer el amor con una bella mujer.
—¿Bella...? —La palabra salió con un suspiro de placer—. No puedo encontrar ni una sola razón por la que me llames eso.
—Lo sé. Lo que te hace todavía más bella. Pero no te preocupes. Yo encontraré suficientes razones para los dos.
La tocó en un lugar particularmente sensible y ella se retorció contra su mano, ansiosa por sentir de nuevo ese espasmo placentero otra vez. Deslizando las manos por la abertura de la bata, ella se inclinó hacia delante y presionó los labios contra su pecho.
—Me gusta muchísimo el baño.
Una risa ronca vibró contra los labios de Sarah.
—Y aún no nos hemos metido en la bañera.
Ella levantó la cabeza y lo miró con interés.
—¿Los dos?
—Pensé que la siguiente lección para mi aplicada alumna debería incluir el placer de tomar un baño juntos.
Las manos de Matthew abandonaron el cuerpo de Sarah y él retrocedió un paso. Un gemido de protesta subió por la garganta femenina, pero antes de que pudiera abrir la boca, él se quitó la bata, consiguiendo que el gemido de Sarah se convirtiera en un suspiro de aprecio.
Él señaló la bañera con la cabeza.
—¿Me acompañas?
—No puedo encontrar ni una sola razón para decir que no.
Matthew curvó una de las comisuras de los labios.
—Ni yo.
Él se metió en la bañera. Sarah plantó las manos en las caderas y lo miró fijamente con una fingida mirada de reproche.
—¿Cómo voy a unirme a ti? No queda sitio.
Los ojos de Matthew brillaron intensamente al levantar la vista y se palmeó los muslos.
—Hay muchísimo sitio aquí. —Le tendió la mano, y Sarah se agarró a ella. Sus palmas se unieron y él cerró sus largos y firmes dedos en torno a los de ella—. Métete de cara a mí, con un pie a cada lado de mis piernas. —La instruyó. Ella pasó con cautela por el borde e hizo lo que él le había dicho, con sus piernas formando un puente sobre las suyas.
Él la miró con una sonrisa pícara.
—Qué vista más encantadora.
—Es justo lo que yo estaba pensando, aunque tú estás un poco borroso.
—Eso es fácilmente remediable, en especial si te arrodillas.
Intrigada y excitada por la propuesta, ella se agarró a los bordes de la bañera y se arrodilló con lentitud. Su miembro turgente se erguía entre ellos, y ella extendió la mano para acariciar con la yema de sus dedos la punta aterciopelada. Él contuvo el aliento y en venganza le ahuecó los pechos con sus cálidas manos mojadas.
—¿Y ahora qué? —preguntó ella.
La recorrió lentamente con su ardiente mirada provocando que ella se sonrojara de pies a cabeza.
—Me parece que estás al mando —dijo él, deslizándole una mano entre las piernas—. ¿Qué te gustaría hacer?
—Besarte —susurró ella—. Hacer el amor contigo.
Los ojos de Matthew se oscurecieron en respuesta haciéndola consciente de cada nervio de su cuerpo.
—Soy todo tuyo —dijo él con un ronco gruñido—. Hazlo.
Oh, Dios. Inclinándose hacia delante, rozó su boca con la de ella, una vez, dos. Suave, tentativamente. Él la dejó tomar la iniciativa, susurrándole palabras de ánimo que disiparon cualquier duda. Le recorrió el pecho con las manos, acarició su miembro, separó sus labios con la lengua, deleitándose con sus reacciones: sus gemidos, la ávida manera en que la observaba, sus jadeos cada vez más profundos; todo eso le hizo sentir una oleada de poder femenino que nunca hubiera sospechado que tenía.
Él dejó caer un reguero de agua caliente sobre los hombros de Sarah, luego pasó las manos por su cuerpo mojado. Mientras ella continuaba acariciándole ligeramente, él se enderezó y, asiéndole las caderas, le lamió el pezón con la lengua y luego introdujo el dolorido pico en la cálida cavidad de su boca. Desesperada por tenerlo dentro de su cuerpo, Sarah abrió las piernas todo lo que le permitió la bañera y presionó las caderas sobre su excitación, rozando el glande con sus pliegues femeninos, donde sentía un persistente latido.
Con la mirada clavada en la de ella, la ayudó a ubicarse. Apoyando las manos en los hombros de Matthew, Sarah se dejó caer lentamente, emitiendo un largo gemido mientras la llenaba. Cuando estuvo sepultado por completo en ella, Sarah comenzó a balancear lentamente sus caderas, un movimiento que envió un estremecimiento de placer por todo su cuerpo. Cerrando los ojos, Sarah echó hacia atrás la cabeza y repitió el movimiento.
De nuevo, la dejó tomar la iniciativa, marcando el ritmo, susurrándole palabras provocativas mientras sus manos acariciaban sus pechos, su vientre, sus nalgas sin cesar. Un nudo de tensión se formó dentro de ella y se meció más rápido mientras él empujaba con más fuerza, llevándola cada vez más cerca del orgasmo. Con un jadeo llegó al clímax, arqueando su cuerpo, temblando, palpitando alrededor de él durante un momento interminable. Antes de que los últimos espasmos se hubieran apaciguado, ella sintió cómo él se retiraba. Abrazándola con fuerza contra él, Matthew enterró su cara entre sus pechos y gimió mientras alcanzaba la liberación.
Apoyando la mejilla sobre su pelo húmedo, Sarah pasó los dedos por los gruesos y sedosos mechones. Y supo que sería feliz si pudiera quedarse así para siempre. Envuelta entre sus brazos. Con su piel pegada a la de ella. En su mente esbozó una imagen de ellos dos juntos, igual que estaban en ese momento, y se prometió a sí misma que la plasmaría en su bloc de dibujo. Una imagen al carboncillo con la que ella pudiera recrearse en los años venideros cuando eso sería todo lo que le quedaría de él.
Porque a menos que se produjera el milagro por el que tanto rezaban, sólo les quedaban tres días.


Un Saludo
Anonimo

26 de octubre de 2009

Saga Medianoche de Claudia Gray, [doc], [MU]

Medianoche, libro 1 de la saga Medianoche de Claudia Gray



Pulicado en 2008

Archivo en formato doc
SINOPSIS
Bianca es una chica que se va a vivir con sus padres a un internado. A pesar de que al principio odia este lugar, conocerá a Lucas, otro estudiante del internado y además, al ser sus padres profesores del mismo, no le quedará más remedio que quedarse. A lo largo del argumento puede verse como estos dos se acercan más el uno al otro hasta el punto culminante: se descubre que Bianca es un vampiro, Lucas su completo antónimo, un cazador de vampiros y el internado una tapadera para instruir allí vampiros que murieron siendo adolescentes.

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Adicción, libro 2 de la saga Medianoche de Claudia Gray



Publicado en 2009
Archivo en formato doc

SINOPSIS
Bianca cursa el bachillerato en un prestigioso internado para vampiros, Medianoche. Hay algo, sin embargo, que la distrae de sus responsabilidades academicas: está perdidamente enamorada de Lucas, un miembro de la Cruz Negra, el clan cazavampiros más poderoso de la tierra.
Lucas estudió en Medianoche el curso anterior, pero se vió obligado a huir cuando se descubrieron sus verdaderos orígenes. Ahora hace más de seis meses que Bianca no ha recinido noticias suyas, y ya no puede soportar su ausencia...Pero todavía hay algo que puede complicarle más las cosas: un espectro a aparecido en Medianoche con la intención de destapar los secretos más oscuros de su pasado...


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Un Saludo
Anonimo

3 Audiolibros Voz Humana Harry Potter





Descripcion

Libro1:
Rowling, J. K. - Harry Potter y La Piedra Filosofal
Harry Potter es húerfano de padre y madre. Vive con Vernon y Petunia, sus abominables tíos, y con el primo Dudley, malcriado e insoportable. Pero la suerte de Harry de un vuelco espectacular cuando recibe una carta anunciándole que tiene una vacante en un colegio de magia y hechicería. Allí Harry aprenderá encantamientos, trucos y tácticas de defensa contra malas arte. Se convertirá en el campeón escolar de Quidditch , especie de fútbol aéreo que se juega sobre escobas. Hará unos cuántos buenos amigos...y también algunos enemigos temibles. Y conocerá los secretos que le permitirán cumplir con su destino

Libro2:Harry Potter y la Orden del Fenix
Harry está nervioso, distraído y asombrado de no tener noticias del mundo mágico, pensando en los planes del tenebroso Lord Voldemort luego de su reciente regreso. Mientras está acostado en el jardín de su Tía Petunia, escucha una fuerte explosión y esperanzado de que se trate de algo mágico, decide ir a investigar. Al no encontrar nada, el primo de Harry, Dudley Dursley, lo molesta diciéndole que lo ha escuchado hablar dormido, hablando de un tal Cedric (quien murió a finales del año escolar anterior a manos de Lord Voldemort).

Libro3:AudioLibro Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte

Este es el untimo libro del famoso Harry Potter. Cualquiera puede encontrar aquí aventuras, romances, peligro, fantasia e incluso muerte. Esta ingeniosamente escrito pero deja algunas preguntas abiertas que aun que no son el centro de las preguntas sin contestar algunos se pueden preguntar que pasa con ellas. Tiene un final que la gente calificaria de "feliz" pero que enrealidad es solo un final. No puedo decir que pasa porque estaria mal y no quiero estropear nada pero es muy intenso y profundo, y merece la pena el leerlo (o escucharlo).

Pueden alternar descargas asi se les hará más fácil...

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Rowling, J. K. - Harry Potter y La Piedra Filosofal
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Harry Potter y la Orden del Fenix
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AudioLibro Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte
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"Bajo el sol de Kenia" de Bárbara Wood

El género de novela romántica no es de mis favoritos, pero he visto varias solicitudes de esta temática y puesto que hay que complacer a todos con variedad en la oferta, ahí va.
En 1918 lord Valentine Treverton, como otros muchos colonos ricos, comienza a edificar un imperio cafetero en Kenia; para lograrlo, deberá pasar por encima de los derechos y de las tradiciones de los nativos. y por ello, Treverton, arrogante y despectivo, sufrirá la maldición de Wachera, guardiana de una ancestral sabiduría.






Autor: Bárbara Wood
Obra: Bajo el sol de Kenia
Editorial: ONCE
Voz humana: Rosa Pina
Contenido: 5 CD
Peso: 455 Mb
mp3 a 32 kbps


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Un Saludo
Anonimo

El Informe Pelícano - John Grisham

Dos asesinatos conmocionan una mañana el despertar de un país como los Estados Unidos. Ni siquiera allí, en un lugar donde las muertes violentas son una constante diaria, están acostumbrados a que jueces del Tribunal Supremo sean asesinados. Pero eso es lo que ha ocurrido, y con apenas unas horas de diferencia.

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Un Saludo
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Entradas antiguas

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